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Cómo vivir tu fe sin miedo

8 oct
7 min de lectura

Actualizado: 9 oct


¿Qué están conociendo de Dios las personas a través de ti?


Ayer tuve la oportunidad de conducir un congreso de arquitectura en Culiacán. Un evento muy especial para mí, porque además de ser arquitecta, disfruto muchísimo comunicar, conectar con las personas y compartir ideas.


Desde la apertura llegué llena de energía y emoción. Y entre mis palabras de bienvenida, quise dedicar un momento para honrar a Dios.


Era un congreso profesional, con arquitectos, estudiantes, empresarios y personas con diferentes formas de pensar y creer.


Pero reconocer a Dios forma parte de quien soy.


Durante el día hubo conferencias, conversaciones, encuentros y momentos muy especiales.


Hasta que, en un espacio de preguntas y respuestas, una persona se levantó y me dijo algo que, aunque en ese momento recibí con una sonrisa, terminó convirtiéndose en una reflexión mucho más profunda.


Me dijo algo así:

“Al principio tenía la duda de si eras cristiana, porque mencionaste al gran arquitecto de este mundo. Pero después de escucharte hablar, ya no tengo ninguna duda de que eres cristiana”.


El evento continuó, pero esta mañana, mientras recordaba algunos de los momentos que viví ayer, sus palabras volvieron a mi mente.


Y comencé a interpretarlas de esta manera:

“Desde que comenzaste a hablar, intuía que eras cristiana. Pero mientras más te escuchaba, más lo confirmaba”.


Y entonces vino a mi mente un pensamiento, como si Dios me lo estuviera diciendo:


“No puedes negar que eres mi hija. Y tampoco puedes negar que eres hija de tus padres”.


E inmediatamente pensé: ¡Pues sí! No puedo negar que soy hija de mi papá, ni que soy hija de mi mamá.

Y mientras recordaba cómo eran ellos, comencé a descubrir cuánto de sus personalidades había en mí.


Mi mamá era una mujer sumamente alivianada, alegre, guapa y platicadora. ¡Hasta con las piedras hablaba! Jajaja.


Mi papá, por su parte, es historiador, escritor, abogado y un hombre apasionado por el conocimiento. Le encanta investigar, estudiar y compartir lo que sabe a través de sus libros y conferencias culturales, a su manera y con su propio estilo.


Y mientras pensaba en ellos, me descubrí a mí misma.


¡Soy una mezcla de los dos!


De mi mamá reconozco mi gusto por conversar, reírme y relacionarme con las personas.


De mi papá, mi interés por investigar, aprender, preparar temas y compartirlos frente a otros.


Lo curioso es que muchas de esas cualidades eran precisamente las que yo admiraba de ellos mientras crecía.


Y entonces lo comprendí:


Si es tan natural que refleje características de mis padres terrenales, ¿cómo no habría de reflejar también algo de mi Padre celestial?


¡Pues claro! Nuestra manera de hablar, de actuar, de relacionarnos con los demás e incluso de enfrentar la vida revela mucho de dónde venimos, de quiénes hemos aprendido y de las personas que han dejado huella en nosotros.


Hay enseñanzas, valores y formas de vivir que vamos haciendo nuestros, muchas veces sin siquiera darnos cuenta.


Cuanto más convivimos con alguien, más oportunidades tenemos de aprender de esa persona y reflejar algo de ella.


Y esta mañana comprendí que esta reflexión no era solamente para mí. También podía ser para ti.



¿Qué están viendo los demás en ti?


Quiero invitarte a pensar en algo.


Seguramente hay características tuyas que te recuerdan a tu mamá, a tu papá o a las personas con quienes creciste.


Puede que tengas el carácter de alguno de ellos, su sentido del humor, su manera de expresarse o incluso algunas frases que repites sin darte cuenta.


Hay cosas que heredamos y otras que aprendemos por la convivencia, la admiración y el ejemplo.


Y aquí quiero compartirte algo que enseña la Biblia.

En Génesis 1:27 dice que “Dios creó al ser humano a su imagen”

Esto significa algo maravilloso: que nuestra vida tiene un valor especial y que fuimos creados con la capacidad de reflejar cualidades de su carácter, como el amor, la bondad, la justicia y la misericordia.


Ahora quiero hacerte una pregunta:


¿Qué tipo de persona estás llegando a ser y qué están recibiendo los demás de ti?


Rodos tenemos oportunidades para aprender a amar mejor.


No me refiero solamente a que las personas sepan que eres cristiano porque vas a la iglesia, compartes versículos o hablas de Dios.


Me refiero a tu manera de vivir.


¿Cómo tratas a las personas que trabajan contigo?

¿Cómo respondes cuando alguien se equivoca?

¿Qué sucede cuando pierdes la paciencia, cuando te contradicen o cuando las cosas no salen como esperabas?

¿Las personas pueden reconocer algo del amor de Jesús en tu manera de actuar?


No son preguntas para hacerte sentir culpable, sino para ayudarte a descubrir cuánto podemos seguir creciendo y aprendiendo.


No necesitas esconder tu fe para respetar a los demás


Quizá alguna vez te has preguntado cómo expresar tu fe sin miedo, especialmente cuando estás rodeado de personas que piensan o creen diferente a ti.


En donde trabajas, en una reunión, en la escuela o incluso entre tus amigos.


Y has preferido no hablar de Dios.


A veces por temor a ser juzgado. Otras veces porque deseas respetar las creencias de quienes te rodean, escucharlos, comprenderlos y no imponerles las tuyas.


Y eso también es una forma de amar.


Porque amar a alguien no significa que tenga que pensar como tú.


Significa reconocer su valor, interesarte por lo que vive, escucharlo y tratarlo con respeto, aun cuando sus ideas sean diferentes a las tuyas.


No necesitas esconder tu fe para respetar la de los demás.


Puedes tener convicciones firmes y un corazón dispuesto a escuchar.


No necesitas convertir cada conversación en una predicación, ni convencer a todas las personas de que crean lo mismo que tú.


A veces, el amor de Dios puede hacerse visible en algo tan sencillo como escuchar con paciencia, acompañar a alguien en un momento difícil o tratar con bondad a una persona que piensa completamente diferente a ti.


Y esto me recuerda algo que sucedió con Pedro, uno de los discípulos de Jesús.


Pedro: cuando el miedo nos hace esconder quiénes somos


La noche en que Jesús fue arrestado, Pedro se encontraba cerca del lugar donde lo estaban interrogando.


Y cuando comenzaron a reconocerlo como uno de sus seguidores, tuvo miedo.


La Biblia cuenta que alguien le dijo:

“Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre”. — Mateo 26:73

Pedro no podía ocultar fácilmente de dónde venía y, por miedo, intentó negar a quién seguía.

Y lo negó tres veces.


Ahora piensa en ti.


¿Alguna vez has sentido temor de que los demás sepan que eres cristiano?

¿Has preferido esconder tus convicciones para sentirte aceptado?


Quizá nunca has dicho las palabras de Pedro: “No lo conozco”.


Pero posiblemente has atravesado momentos en los que te ha costado reconocer públicamente tu fe.


Y si te ha sucedido, quiero compartirte algo maravilloso.


La historia de Pedro no terminó aquella noche.


El mismo Pedro que antes había tenido miedo de que lo relacionaran con Jesús, después de haber sido restaurado por Él, ahora hablaba con tanta valentía que las personas reconocían que había estado con

Jesús.


¡Qué maravilloso!


Que se note que has estado con Jesús


Todos los días, de alguna manera, dejamos huella en las personas con quienes convivimos.


A veces dejamos palabras de ánimo, comprensión, amor y esperanza.


Otras veces, sin darnos cuenta, podemos dejar heridas con nuestras palabras, nuestra indiferencia o nuestra falta de paciencia.


Y aquí está lo maravilloso: siempre podemos reconocer aquello que necesitamos cambiar y comenzar a hacerlo diferente.


Uno de los regalos de caminar con Jesús es aprender de su manera de amar.


Porque reflejar el amor de Jesús no consiste solamente en hablar de nuestra fe, sino también en demostrarla con nuestras acciones, incluso en los momentos más cotidianos.


¿Cómo se sienten las personas después de convivir contigo?

¿Escuchadas? ¿Respetadas? ¿Amadas?

¿O quizá hay algo en tu manera de tratarlas que puedes comenzar a cambiar?


No se trata de ser perfecto.


Se trata de reconocer que siempre tenemos algo que aprender y que el amor también se demuestra en nuestras acciones.


Porque al final, mi deseo no es solamente que las personas sepan que soy cristiana.


Mi deseo es que, después de conocerme, hayan podido experimentar aunque sea un poquito del amor que yo he conocido en Jesús.


Y deseo lo mismo para ti.


Que tu manera de hablar, de escuchar, de comprender y de amar pueda reflejar lo que Dios está formando en tu corazón.


Y quiero recordarte algo maravilloso que Jesús nos dejó:

“Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Así que no se angustien ni tengan miedo”. — Juan 14:27 (NTV)

¿Te das cuenta?


Jesús sabía que enfrentaríamos momentos de temor, y nos dejó su paz para que ese miedo no tuviera que gobernar nuestras decisiones.


Y quiero compartirte algo más de lo que viví ayer.


Lo que ustedes todavía no saben es que aquella apertura, en la que decidí honrar a Dios públicamente, también abrió la puerta a nuevas oportunidades de trabajo.


¡Qué maravilloso!


Y no significa que cada vez que hablemos de Dios recibiremos una oportunidad o una recompensa. Pero sí me recordó que no debemos permitir que el miedo a lo que otros puedan pensar nos detenga de hacer aquello que sabemos que debemos hacer.


No tengas miedo de actuar con convicción y congruencia. No sabes qué puertas pueden abrirse cuando decides dar ese paso.


Y tampoco permitas que el miedo te impida compartir una palabra de esperanza, un gesto de amor o una muestra de bondad.


Porque algo que para ti puede parecer pequeño, puede significar muchísimo para la persona que lo recibe.


¡Una sola acción tuya puede cambiar el mundo de alguien más!


Hay personas que están esperando ese abrazo, esa palabra de esperanza, ese gesto de amor o esa sonrisa que quizá solamente tú puedes ofrecerles.


Así que no tengas miedo de expresar tu fe. Hazlo con convicción, con amor, con respeto y, sobre todo, con congruencia.


Que no solamente se note que eres cristiano porque lo dices. Que se note en tus acciones que has estado con Jesús.


Oremos

Padre celestial, Gracias por tu amor, por tu paz y por cada oportunidad que nos das de reflejar algo de ti.


Hoy te pido que me ayudes a reconocer las necesidades de las personas que pones en mi camino.


Que no sea indiferente a quien necesita ser escuchado, comprendido, animado o amado.


No permitas que el miedo, la vergüenza o la preocupación por lo que otros puedan pensar me impidan hacer el bien.


Enséñame a compartir tu amor con respeto, empatía y sinceridad.


Sigue formando tu carácter en mí y ayúdame a llevar tu paz a los lugares donde me encuentre.


Que mis palabras y mis acciones puedan acercar a otros al amor que he encontrado en ti.


En el nombre de Jesús.

Amén.


Si esta palabra fue luz para ti, compártela con alguien más. Quizá hoy alguien necesite recordar que su vida también puede reflejar el amor de Jesús.


✨ Te invito a seguirme en mis redes sociales como @taniaherreraoficial donde comparto reflexiones de fe, experiencias de vida, liderazgo y propósito.


¡Me encantará que sigamos creciendo y aprendiendo juntos a vivir una fe para la vida real! 🤍

2 comentarios


Invitado
12 oct

Saludos y bendiciones

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Invitado
10 oct

Que hermoso hna Tania me gustaría saber más de dios

Me gusta

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