top of page
Tania-Herrera-Y-Cairo-Devocional-Fe-Vida-Real

El Espíritu Santo: cómo escuchar la voz de Dios y ser guiada en tus decisiones

Muchas veces no sabemos qué hacer en nuestra vida… pero el Espíritu Santo puede guiarnos y hablarnos, si aprendemos a escuchar su voz.

 

 Cuando no sabes qué hacer… Él sí sabe


mujer orando en silencio escuchando a Dios

Hoy quiero enseñarte un poquito acerca de este tema que te llevará a comprender quién es el Espíritu Santo, cómo habla a tu vida y cómo puedes aprender a escuchar su voz.

 

Y cómo todo esto puede ayudarte a vivir una vida llena de paz y esperanza.

 

No sé si a ti te ha tocado, pero yo misma he vivido situaciones donde necesito tomar decisiones y no sé que hacer.


He platicado con amigos, colegas y muchas personas que están pasando por lo mismo.

 

Cuando se acercan en búsqueda de algún consejo, o simplemente para que los escuche, a veces yo les respondo:

“Si estuviera en tu lugar, yo tampoco sabría qué hacer”.

 

Pero… hay alguien que sí lo sabe.

Se llama: Espíritu Santo.

 

“Te estoy diciendo que necesito tomar una decisión y tú me sales con: ¿la paloma?” me dicen riéndose un poco…

 

Jaja sí… pero no es una paloma como tal, ni como tú la conoces.


Si me dejas explicarte, te hablo de la presencia de Dios guiándote y dándote las respuestas que necesitas para las situaciones que estás viviendo.

 

¿Y cómo se hace eso?

 

Bueno, es muy sencillo. Primero te explico quién es el Espíritu Santo para que tengas el conocimiento, así como cuando te dan santo y seña de una persona… y luego te digo el poder que tiene.

 

No hay ningún psicólogo, coach o mentor que pueda tomar decisiones por ti.


Te van a aconsejar, te van a nutrir de mucha información y eso es muy bueno.


De hecho, la Biblia dice que en la multitud de consejos hay sabiduría…

 

Pero la dirección correcta… viene de Dios.

 

Y tomar una buena y correcta decisión… solo el Espíritu Santo puede guiarte.

Y te voy a dar un ejemplo sencillo que me pasó ahora en las vacaciones de Semana Santa.

 

Una noche soñé que mi hija tenía su ojo izquierdo enfermito. Me desperté y le dije a mi esposo:

“Soñé que la niña estaba enferma de sus ojitos”.

 

¿Y qué crees que pasó?

 

Cuando despertó, tenía sus ojitos llenos de lagañas… y yo pensé:

“seguro estoy sugestionada por el sueño”.

 

Pero al siguiente día, efectivamente empezó con sus ojos rojos, molestias y sí: conjuntivitis.

 

¿Por qué crees que soñé eso?

 La respuesta es: fue un aviso.

 Dios ya me estaba hablando… antes de que el problema llegara.


Para que me preparara, para comprar un medicamento especial para los ojos de la niña en la siguiente parada, ya que si no lo hacía en ese momento, después no iba a tener acceso a un antibiótico de venta libre.

 

¿Ves qué hermoso?

 ¿Ves qué hermoso?


¿Te ha pasado?

¿Has tenido pensamientos, sueños o presentimientos que después cobran sentido?


Así es como el Espíritu Santo te puede ayudar a tomar decisiones:

te avisa, te guía y te prepara.

 

Tal vez ese sueño no era algo alentador…

pero sirvió para que yo ya estuviera lista con la solución.

 

Quién es el Espíritu Santo (y por qué lo necesitas)

 

¿Quién es el Espíritu Santo?

La tercera persona de Dios.

Es Dios viviendo en nosotros.

 

Antes de que Jesús fuera crucificado y después de resucitar, Él les pidió a sus discípulos que no se fueran, que permanecieran juntos y orando, porque vendría una promesa.


Un regalo: el Espíritu Santo.

 

Jesús es Dios con nosotros.

El Espíritu Santo es Dios en nosotros.

 

Jesús mismo les dijo:

“Les conviene que yo me vaya, porque si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes” (Juan 16:7).

 

Cuando Jesús fue crucificado, los discípulos quedaron completamente destrozados.


Se sintieron solos, con miedo, débiles, porque todo en lo que habían creído parecía haber desaparecido.


Dios ya no estaba con ellos… o eso pensaban.

 

Pero Jesús ya se los había advertido: no los dejaría solos.

 

¿Cuántas veces te has sentido así?

Sola, cansada, agotada… como si por más que piensas, no encuentras solución.

Así se sentían ellos.


Habían puesto todo su amor, su confianza y su vida en Jesús, y de pronto ya no lo tenían.

 

Después de su ascensión al cielo, 50 días después, en la fiesta de Pentecostés, mientras estaban orando alrededor de 120 personas, sucedió algo sobrenatural.


La Biblia dice:

 “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.  Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;  y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Hechos 2:1-4

Escucharon un estruendo, y lenguas como de fuego se posaron sobre ellos. Comenzaron a hablar y a profetizar.

 

Y todo cambió.

 

A partir de ese momento, Pedro, que antes estaba lleno de miedo, comenzó a hablar con una firmeza impresionante.


El mismo que negaba a Jesús, ahora lo proclamaba sin temor.

Predicó con autoridad… y ese mismo día, alrededor de 3,000 personas se convirtieron a Cristo.

 

¿Lo ves?

Cuando el Espíritu Santo llega a tu vida, el miedo se convierte en fe y la debilidad en poder.

 

No solo viene a darte paz…

viene a darte poder, autoridad, valentía e impacto en la vida de otras personas.

 

El Espíritu Santo es el mismo que estaba con Dios cuando fue creado el mundo:

“el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”.

 

Es el mismo que estuvo con David, con los profetas, el que guió a Jesús en el desierto… y el que lo levantó de entre los muertos.

 

La Biblia lo dice así:

"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" Romanos 8:11

Ese mismo Espíritu…

hoy vive en ti.

 

Antes, el Espíritu Santo venía sobre personas específicas, por momentos y para tareas específicas… pero no habitaba permanentemente en todos.

 

No fue hasta Pentecostés que ocurrió algo histórico:

ahora el Espíritu Santo no viene solo sobre algunos…

ahora habita en todos los creyentes.

 

Y aquí es donde muchas personas no logran entender algo…

 

Hay personas que han creído en Cristo, pero siguen sin paz, sin dirección, sin autoridad.

¿Por qué?

 

Porque sí tienen al Espíritu Santo…

pero no han sido llenas de Él.

 

Y es siendo llenas del Espíritu Santo que vamos a poder enfrentar todo.

 

De hecho, aún los que no han creído en Jesús, el Espíritu Santo los influencia, los llama y les muestra la verdad, hablándoles a sus conciencias.

 

Pero el Espíritu Santo no es una energía disponible para cualquiera…

 

Es la presencia de Dios habitando en una vida rendida.

 

Porque cuando comienzas a conocerlo, a tener encuentros con Él, a escucharlo… nada en este mundo se compara con estar en su presencia.

 

Nada.

 


Cómo habla el Espíritu Santo


La voz del Espíritu Santo es la voz de Dios.


Cuando escuchamos a alguien decir:

“escuché a Dios”, “Dios me habló” o “deja que Dios te hable”… muchas veces pensamos que se trata de algo audible, como una voz que viene del cielo, algo extraño o fuera de lo normal.

 

Pero no siempre es así.

 

Es algo mucho más sencillo… y a la vez, mucho más profundo:

son pensamientos.

 

Hay pensamientos que no son tuyos. Algunos vienen de Dios, otros vienen del enemigo y otros sí provienen de tu alma.

 

El Espíritu Santo muchas veces te habla a través de pensamientos que traen paz, dirección y claridad.


Pensamientos que no nacen de tu lógica natural, sino que llegan de repente y te hacen saber, en lo profundo, que vienen de Él.

 

Por ejemplo, puede venir un pensamiento como:

“Recibe paz… tus hijos van a estar bien hoy.”

 

Y tú sabes.. que ese pensamiento no vino de tu ansiedad, especialmente cuando el panorama no se ve bien… sino de Dios.

 

Pero aquí hay algo muy importante:

no todo pensamiento viene de Dios.

 

Por eso necesitas discernimiento.

 

Si el Espíritu Santo pone algo en tu mente o en tu corazón, tienes que llevarlo a la Biblia.


La Palabra de Dios es el filtro.

Es lo que confirma si eso que estás pensando realmente viene de Él.

 

No se trata solo de sentir bonito…

se trata de que esté alineado con la verdad.

 

Puedes buscar, leer, entender el contexto, porque hay personas que usan versículos a su conveniencia.


Pero una persona que realmente quiere escuchar a Dios, también está dispuesta a conocer Su Palabra.

 

Y aquí es donde muchas se detienen…

 

Porque queremos dirección, queremos paz, queremos respuestas… pero no siempre queremos hacer el esfuerzo de buscar a Dios de verdad.

 

Y aunque suene fuerte…

Dios no se revela a la prisa, ni al descuido, ni a la indiferencia.

 

Se revela a quien lo busca.

A quien tiene hambre.

 

A quien está dispuesto a detenerse… y escuchar.

De hecho, si llegaste hasta este punto, eres de las pocas personas que realmente están interesadas en acercarse más a Dios y conocerlo más.

 

No todas tienen ese interés.

No todas tienen esa hambre.

 

Cómo escuchar al Espíritu Santo en tu vida diaria

 

El Espíritu Santo es amigo del silencio.


Mientras vivas acelerada, con ruido, con pendientes, con el celular, con redes, con la mente saturada… va a ser muy difícil escuchar su voz.

 

No porque Él no esté hablando… sino porque tú no estás escuchando.

 

El Espíritu Santo no compite con el ruido.

Se revela en el silencio.

 

Por eso necesitas aprender a detenerte.

A callar tu alma.

A hacer pausas.

A quedarte en silencio delante de Dios.

 

Al principio te va a costar.

Porque no estamos acostumbradas a estar en silencio.

Siempre queremos hablar, pedir, resolver…

 

Pero orar no es solo hablar.

También es escuchar.

 

Y muchas veces hacemos oraciones donde pedimos y pedimos… pero nunca nos quedamos en silencio para escuchar lo que Dios quiere decirnos.

 

Sacamos el pergamino de peticiones, ya ni la cartita a los Reyes Magos tenía tantas solicitudes como a veces tenemos nosotras en nuestras oraciones… ya ni los niños chiquitos.

 

Y nos vamos… sin escuchar.

 

Debemos ser más intencionales en nuestras oraciones.


Sí, pedir… pero también dejar espacio para escuchar lo que Él quiere decirnos.

 

Así que si realmente quieres escuchar al Espíritu Santo, necesitas crear momentos para Él.

 

Puede ser en la madrugada, cuando todos duermen… cuando todo está en calma.

O también ya por la noche, cuando todo se apaga… depende de tu energía.

 

Porque tampoco vamos a llegar todas cansadas, bostezando… porque te vas a quedar dormida.

 

El punto es ser intencionales.

 

Y poco a poco vas a empezar a notar algo:

pensamientos nuevos, dirección, paz… cosas que no vienen de ti.

 

Y ahí es donde empieza la relación.

 

Pero también requiere decisión.

 

Porque Dios no se revela a la prisa.

Se revela a quien lo busca intencionalmente.

 

A quien hace espacio.

A quien lo prioriza.

Puedes seguir viviendo como siempre…

o puedes empezar a hacer espacio para escuchar su voz.

 

Porque cuando aprendes a escuchar al Espíritu Santo… 

todo empieza a cambiar.

Empiezas a tener dirección, paz en medio del caos y claridad en medio de la confusión. Dejas de vivir reaccionando

y comienzas a vivir guiada.

Y no porque todo sea perfecto, sino porque ya no estás sola.

 

El Espíritu Santo está contigo…

y ahora vive en ti.

Y cuando aprendes a escucharlo, te das cuenta de algo:

Dios siempre estuvo hablando, solo que tú no te habías detenido a escucharlo.

 

¿Ves que no es una paloma?

¿Ves que es alguien vivo… que te habla, te guía y camina contigo?

 

Espero que este devocional haya cambiado tu perspectiva y te dé las herramientas necesarias para vivir una vida con propósito, llena del amor y de la presencia de Dios.

 

Te bendigo.

 

 ¿Oramos juntas?


Padre, gracias te doy esta mañana por esta nueva enseñanza.

 

Gracias por mi vida… y por darme la oportunidad de acercarme más a ti.

 

Eres un Dios bueno, grande y lleno de bondad.

 

Hoy reconozco que creo en ti, creo en Jesús…y ahora entiendo que tu Espíritu Santo vive en mí, y que necesito ser llena de Él.

 

Quiero que tu voz, por medio de tu Santo Espíritu, me hable y me dirija.

Anhelo aprender a escucharte… a comunicarme contigo… a sentirme escuchada.

 

Hoy he aprendido que no estoy sola, que siempre estás conmigo.

Ayúdame a sentirte, a reconocerte y a distinguir tu voz en medio de todo.

 

Lléname de tu Espíritu Santo.

Llena mi mente de tu verdad, mi corazón de tu paz y mi vida de tu dirección.

 

Quita todo ruido, toda distracción y toda voz que no proviene de ti.

Y enséñame a detenerme… a escucharte… y a obedecerte.

 

Hoy decido hacer espacio para ti.

 

En el nombre de Jesús,

amén. 


Y si este mensaje habló a tu vida…

no te quedes solo con este momento.


En mi Instagram comparto reflexiones,

herramientas y palabras que te ayudan a seguir creciendo en tu relación con Dios,

en medio de tu día a día.


Te espero por allá

Con cariño, Tania.



 
 
 

Comentarios


¿Quieres que te avise cuando publique algo nuevo?

bottom of page