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Paz en la mente y el corazón🤍

9 oct
3 min de lectura

Un devocional sobre salud mental, identidad y el regalo de paz que Jesús nos dejó.


¿Cuántas veces llegamos a la noche completamente cansados, pero cuando finalmente ponemos la cabeza sobre la almohada, nuestra mente simplemente no deja de pensar?


Los hijos, la familia, el trabajo, los pendientes, lo que hicimos, lo que no alcanzamos a hacer y hasta lo que tenemos que resolver mañana.


¡A veces parece que nuestra mente nunca descansa!


Y es que desempeñamos tantos roles que, sin darnos cuenta, podemos comenzar a definir quiénes somos por todo lo que hacemos.


Somos mamás, papás, esposos, hijos, profesionistas, empresarios, amigos… y queremos hacerlo todo bien.


Pero hoy quisiera recordarte algo muy importante.

Tu valor no está en todo lo que haces


Antes de cualquier título o responsabilidad, ya eras alguien valioso.

Tenías sueños, talentos, una personalidad, una historia y una identidad que siguen siendo tuyas.


Y aunque nuestras responsabilidades son importantes, ninguna de ellas determina nuestro valor.


Tu valor no depende de cuánto haces, cuánto logras o cuánto puedes dar. Tu valor está en quién eres.


¡Y qué importante es recordarlo!


Porque en medio de tantos compromisos podemos llegar a ser muy buenos cuidando de los demás, pero olvidarnos de nosotros mismos.


Precisamente hoy, 10 de octubre, que conmemoramos el Día Mundial de la Salud Mental, quisiera compartirte unas palabras de Jesús que personalmente me encantan.


Un regalo que no podemos comprar

Jesús dijo:

“Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón”.— Juan 14:27

¡Qué regalo tan mas hermoso!


Paz en la mente.


En esa mente que no deja de pensar, que se preocupa por la familia, por el trabajo, por lo que pasó ayer y hasta por lo que todavía no ha sucedido.


Y me llama mucho la atención que Jesús hable de la paz como un regalo.


Porque normalmente relacionamos los regalos con algo que podemos comprar, envolver y entregar a alguien que amamos.


Pero Jesús nos habló de algo que no podemos comprar.


Podemos tener una casa hermosa, estabilidad económica, una familia que amamos, alcanzar nuestras metas y, sin embargo, seguir teniendo una batalla de pensamientos por dentro.


A veces creemos que tendremos paz cuando terminemos nuestros pendientes, cuando nuestra familia esté bien, cuando alcancemos nuestras metas o cuando todo salga como lo planeamos.


Pero ¿y si aprendemos a encontrar paz incluso mientras hay cosas que todavía no podemos resolver?


Jesús no nos prometió una vida sin dificultades. Nos ofreció una paz distinta a la que el mundo puede darnos.


Una paz que no depende de que todo esté bajo nuestro control.



Cuidar de ti también importa

Hablar de salud mental también es hablar de aprender a reconocer nuestros límites.


Reconocer cuando estamos cansados, permitirnos descansar, hablar de lo que sentimos y pedir ayuda cuando la necesitamos.


Nuestra fe puede ser una fuente maravillosa de fortaleza, esperanza y consuelo. Y buscar acompañamiento o atención profesional cuando lo necesitamos también es una manera responsable de cuidar nuestra salud.


No tenemos que elegir entre tener fe y recibir ayuda.


Y hoy quisiera recordarte algo:


Tú también mereces recibir el cuidado, la paciencia, el amor y la atención que todos los días entregas a los demás.


Porque cuidar de ti no significa dejar de cuidar de quienes amas.


Significa reconocer que tú también importas.


Hoy quiero dejarte dos recordatorios


Cuando continúes con tus responsabilidades, cuando tengas muchas cosas por resolver o cuando llegue nuevamente la noche y tu mente quiera seguir trabajando, recuerda:


Tu valor no está en todo lo que haces, sino en quién eres.

Y no necesitas tenerlo todo resuelto para comenzar a encontrar paz.


Que hoy puedas abrir tu corazón para recibir ese regalo tan maravilloso que Jesús nos dejó:

Paz en la mente y paz en el corazón.



Oremos juntos

Señor Jesús:

Gracias por recordarme que mi valor no está en todo lo que hago, sino en quién soy.


Tú conoces mis pensamientos, mis preocupaciones, mis responsabilidades y todas esas cosas que a veces ocupan mi mente, incluso cuando necesito descansar.


Hoy quiero aprender a soltar aquello que no puedo controlar, reconocer mis límites y cuidar también de mí.


Ayúdame a recordar que no tengo que tenerlo todo resuelto, ni cargar con todo en mis propias fuerzas.


Enséñame a vivir cada día con sabiduría, a encontrar descanso en tu presencia y a recibir ese regalo maravilloso que nos dejaste: tu paz.


Que tu paz encuentre lugar en mi mente y en mi corazón.

En el nombre de Jesús.. Amén.


Con cariño,

Tania Herrera y Cairo


Si esta palabra fue luz para ti, compártela con alguien que hoy necesite recordar cuánto vale y que también merece vivir en paz.


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