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¿Por qué Dios permite que me pasen cosas malas? 🔥

13 ago
7 min de lectura
Devocional sobre por qué Dios permite que me pasen cosas malas

No todo lo que sucede nace del corazón de Dios


Hay situaciones que simplemente no parecen justas.


Hiciste lo correcto, oraste, confiaste en Dios y aun así algo se rompió, alguien se fue, llegó una enfermedad, un problema con uno de tus hijos, una dificultad en tu matrimonio, en tu trabajo o una situación que jamás hubieras elegido vivir.


Y entonces aparece una pregunta que muchas veces hasta nos da culpa hacer:


“Dios, si Tú podías evitarlo… ¿por qué permitiste que me pasara esto?”


Quizá has escuchado frases como: “Dios sabe por qué hace las cosas” o “si lo permitió, por algo será”.


Pero cuando eres tú quien está viviendo el dolor, esas respuestas no siempre consuelan; incluso pueden comenzar a levantar distancia entre tu corazón y Dios.


Porque si interpretamos todo lo malo que nos sucede como algo que Dios quiso para nosotros, tarde o temprano podemos terminar preguntándonos:


“Entonces, ¿de verdad Dios es bueno?” Sí, Dios es bueno.


Y por eso necesitamos comprender una verdad importante:

No todo lo que sucede nace del corazón de Dios


Que Dios pueda permitir algo no significa necesariamente que aquello haya sido su deseo para ti.


Santiago 1:13 nos recuerda que Dios no tienta a nadie con el mal.

Que nadie al ser tentado diga: «Es Dios quien me tienta». Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie.

Al mismo tiempo, vivimos en un mundo quebrantado donde existen decisiones humanas, consecuencias, injusticias, enfermedades, pérdidas y circunstancias que no podemos controlar.


Hay cosas que llegan como consecuencia de nuestras propias decisiones. Otras son provocadas por las decisiones de alguien más.


También existen patrones aprendidos, heridas y realidades de nuestra historia familiar que pueden seguir afectando nuestra manera de vivir.


Y sí, existen situaciones profundamente injustas que jamás provocaste ni elegiste.


Por eso, cuando algo sale mal, quizá antes de preguntarnos solamente “¿por qué Dios permitió esto?”, necesitamos hacer otra pregunta:


¿Cuál es la raíz de lo que estoy viviendo?


No para buscar culpables ni pensar que el dolor es un castigo de Dios, sino para conocer la verdad.


Porque algunas situaciones necesitarán aceptación.

Otras, sanidad.


Algunas requerirán arrepentimiento y cambio.

Y habrá otras que simplemente tendremos que aprender a atravesar de la mano de Dios.


No podemos transformar aquello que nos negamos a reconocer.

Y reconocer la verdad y trabajarla nos da libertad.


No todo lo que duele viene de Dios, pero Dios puede transformarlo para bien.


También existen procesos que Dios permite y utiliza para formarnos.


Quizá alguna vez atravesaste algo que no comprendías y años después pudiste reconocer lo que Dios produjo en ti mientras lo vivías.


Tal vez aquella temporada te hizo madurar, cambiar de dirección, desarrollar carácter, soltar algo que estaba dañándote o prepararte para una responsabilidad que todavía no conocías.


En ese momento no lo entendías, pero hoy puedes ver hacia atrás y reconocer que Dios estaba trabajando en ti.


José, un personaje de la Biblia, vivió una historia profundamente injusta.


José en palacio cuando Faraón lo declara gobernador

Sus propios hermanos lo traicionaron y lo vendieron como esclavo porque tenían celos de él; después pasó por años difíciles, fue acusado injustamente y terminó en prisión antes de llegar a ocupar una posición de gran responsabilidad en Egipto.


Años después, cuando volvió a encontrarse con sus hermanos, José pudo reconocer que aquello que ellos habían pensado para mal, Dios lo había encaminado para bien (Génesis 50:20).


José no llamó bueno a lo malo.

No justificó lo que sus hermanos hicieron.


Reconoció el daño, pero también descubrió que el mal que alguien había planeado no tenía la última palabra sobre su historia.


Y tampoco tiene que tenerla sobre la tuya.


Romanos 8:28 nos enseña que Dios obra en todas las cosas para bien de quienes lo aman.


Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Eso no significa que todas las cosas sean buenas; significa que incluso aquello que no fue bueno puede ser transformado para bien en las manos de Dios.


Una temporada difícil no cancela tu propósito


Mujer reflexionando sobre los procesos de Dios

Y si Dios puede obrar aun en aquello que jamás hubieras elegido vivir, entonces una temporada difícil tampoco tiene el poder de cancelar aquello que Él quiere hacer con tu vida.


Cuando algo doloroso sucede, es fácil sentir que nuestra vida se detuvo o que perdimos la dirección.


Pero el propósito de Dios para tu vida no desaparece porque estés atravesando una temporada difícil.


A veces, justamente en medio de ella, Dios comienza a mostrarnos qué necesitamos ordenar, sanar, aprender o cambiar para volver a caminar con dirección.


Quizá no puedas elegir todo lo que sucede en tu vida, pero sí puedes decidir cómo responder a aquello que hoy está frente a ti.


Y aun en una temporada que jamás hubieras elegido vivir, Dios puede seguir guiándote hacia una vida con propósito.


Sí tenemos un manual para aprender a vivir


Muchas veces decimos: “Nadie te enseña a ser mamá.” También escuchamos: “Nadie te enseña a construir un matrimonio”, “nadie te enseña a dirigir una empresa” o “eso lo vas aprendiendo sobre la marcha”.


Y es verdad que nadie nos entrega un instructivo personalizado para cada situación que vamos a enfrentar.


Pero no estamos viviendo sin dirección.

Dios nos dejó su Palabra.


Palabra de Dios en un hogar con propósito

En la Biblia encontramos principios para aprender a amar, perdonar, administrar, corregir, educar, trabajar, liderar, resolver conflictos, manejar nuestras palabras, tomar decisiones y relacionarnos con los demás.


No encontrarás un versículo que diga exactamente qué decisión empresarial debes tomar mañana o cómo resolver cada problema específico con uno de tus hijos.


Pero cuanto más conoces la Palabra de Dios, más aprendes a reconocer su carácter, sus principios y su voluntad, y desarrollas discernimiento para saber cómo aplicarlos a las decisiones reales de tu vida.


Por eso nuestra relación con Dios no puede comenzar solamente cuando algo sale mal.


Necesitamos su sabiduría antes de tomar decisiones que después tendrán consecuencias sobre nuestra vida, nuestro hogar, nuestras relaciones y aquello que ha sido puesto bajo nuestra responsabilidad.


Tal vez la Biblia no responda cada uno de tus “por qué”, pero sí puede enseñarte cómo caminar mientras todavía no tienes la respuesta.


Quizá necesitas cambiar la pregunta


Habrá situaciones que algún día comprenderemos y otras para las que quizá nunca tendremos una respuesta completa en esta vida.


Por eso nuestra paz no puede depender de entender todos los porqués.


Tal vez necesitas dejar de preguntarle solamente:

“Dios, ¿por qué me está pasando esto?”


y comenzar a preguntarle:

“Dios, muéstrame la verdad de lo que estoy viviendo y enséñame qué me corresponde hacer ahora.”


Porque quizá no puedas cambiar lo que sucedió, pero sí puedes buscar la dirección de Dios para decidir qué hacer con lo que hoy está en tus manos.


Orar también significa estar dispuesta a actuar


Quizá llevas meses pidiéndole a Dios que algo cambie.


Y seguir orando es necesario, pero también puede llegar el momento en que Dios te muestre algo que necesitas hacer.


Hay situaciones que requieren perdonar.


Otras necesitan pedir perdón, poner límites, tener una conversación difícil, buscar ayuda, cambiar hábitos, ordenar las finanzas o tomar una decisión que llevamos demasiado tiempo postergando.


Santiago 2:17 nos recuerda que la fe sin obras está muerta.

No podemos pedirle a Dios dirección y después ignorar aquello que ya nos mostró.


Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

Y aquí hay algo importante: cuando buscamos la voluntad de Dios, no siempre vamos a recibir la respuesta que queríamos escuchar.


A veces Dios nos mostrará que necesitamos soltar algo, corregir una decisión, poner un límite, pedir perdón, esperar, decir que no o cambiar una forma de actuar que ya se volvió cómoda para nosotros.


Por eso la fe no solamente pregunta:

“Dios, ¿Cuándo me sacarás de aquí?”


Porque quizá Dios ya te está mostrando cómo caminar en medio de esa situación, y algunas veces su dirección no será la que más nos guste.


La fe también pregunta:

“Dios, ¿Qué verdad necesito reconocer y qué me corresponde hacer?”


Vivir con propósito también significa permitir que Dios transforme la manera en que construimos nuestras relaciones, dirigimos nuestro hogar, lideramos y trabajamos.


Porque Dios no quiere estar presente únicamente cuando todo sale mal.

Necesitamos su sabiduría para aprender a vivir y decidir conforme a su Palabra.


Lo que estás viviendo no tomó a Dios por sorpresa


mujer empresaria planeando y poniendo en manos de Dios su situación

Tal vez hoy todavía no entiendes por qué sucedió, y sería irresponsable darte una respuesta sencilla para un dolor que puede ser profundamente complejo.


Pero sí puedo recordarte algo: Dios sigue siendo bueno y lo que estás viviendo no tomó a Dios por sorpresa.


Acércate a Él y pregúntale:

“Señor, muéstrame la verdad. Muéstrame qué necesito reconocer, qué necesito soltar y qué me corresponde hacer.”


Y si hoy sientes que ya no puedes más, recuerda algo importante: la promesa nunca fue que podrías con absolutamente todo.


El apóstol Pablo, uno de los líderes más importantes de la iglesia cristiana primitiva, contó que atravesó circunstancias que lo abrumaron más allá de sus propias fuerzas.


Pero aquella experiencia le enseñó a dejar de depender de sí mismo y depender de Dios (2 Corintios 1:8-9).


Así que no necesitas demostrar que eres suficientemente fuerte para soportar todo lo que llegue.


Hay momentos en los que podrás decir: “Esto me supera.” 


Y justamente ahí podrás descubrir que tu esperanza no estaba en tener fuerza suficiente para todo, sino en caminar con un Dios que permanece contigo cuando tus propias fuerzas ya no alcanzan.


Quizá no puedes cambiar lo que sucedió ni controlar las decisiones de otras personas.


Pero puedes decidir qué hacer con lo que hoy está en tus manos y permitir que Dios te acompañe en el proceso.


No necesitas entender todos los porqués para caminar hacia adelante; necesitas acercarte a Dios, reconocer la verdad y obedecer el siguiente paso.


Para reflexionar


¿Estoy viviendo una situación que necesito aceptar, una consecuencia que necesito reconocer o una realidad frente a la que ya sé que debo hacer algo?


¿He estado esperando que Dios cambie mi situación mientras postergo un paso de obediencia que ya sé que necesito dar?


Oración


Señor, hoy quizá no entiendo todo lo que estoy viviendo, pero elijo recordar que Tú sigues siendo bueno.


Ayúdame a no atribuirte aquello que no nació de tu corazón y a reconocer con humildad cuando mis decisiones han contribuido a lo que estoy viviendo.


Revélame la verdad de esta situación. Dame discernimiento para reconocerla, sabiduría para saber qué hacer y valentía para actuar cuando me corresponda.


En aquello que no puedo cambiar ni comprender, enséñame a descansar en Ti, confiando en que incluso lo que hoy me duele Tú puedes usarlo para producir algo bueno en mi vida y seguir guiándome hacia el propósito que tienes para mí.


En el nombre de Jesús, amén.

 

Si quieres aprender a construir una vida con propósito, poniendo a Dios en el centro de tu fe, relaciones, hogar, empresa y espacios, sígueme en mis redes sociales.



Soy Tania Herrera, diseñadora de interiores, y aquí comparto fe para la vida real, relaciones y espacios con propósito, para ayudarte a vivir y construir con paz, dirección y plenitud en Dios.



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