top of page
Tania-Herrera-Y-Cairo-Devocional-Fe-Vida-Real

En el Reino de Dios no existen turistas

El Reino de Dios y sus leyes espirituales

Todos vivimos bajo sus leyes, lo creamos o no

 

Cuando viajamos a otro país hay algo que sabemos, aunque no conozcamos todas las reglas del lugar: estamos bajo las leyes de ese país.

 

A veces tratamos de informarnos un poco antes de llegar.


Preguntamos qué está permitido, qué no lo está y cuáles son las normas básicas para movernos con tranquilidad.


Porque entendemos algo muy simple: cada país tiene sus leyes.

Y aunque uno no las conozca completamente, siguen existiendo.

 

Cuando he viajado con mi esposo y amigos me da mucha risa porque, como no conocemos bien todas las reglas del lugar, a veces cometemos algún error y terminamos diciendo en tono de broma:

 

“Disculpe… somos turistas.”

 

Lo decimos riéndonos, como queriendo justificar la confusión del momento.

 

Pero aunque lo digamos de forma ligera, en el fondo sabemos algo muy claro: seguimos estando bajo las leyes de ese país o de esa ciudad.

 

No importa si nacimos ahí o no, ni si conocemos todas sus normas.

Las leyes siguen aplicando.

Si te pasas un alto hay una multa, si estacionas mal el coche hay una sanción, y si rompes una regla hay consecuencias.

 

Decir “no sabía” no cambia la realidad de que existe una ley que gobierna ese lugar.

 

Nadie puede decir “soy turista” en el Reino de Dios


principios del Reino de Dios para la vida

¿Recuerdas que en el devocional pasado hablábamos acerca de que existe un Reino?

El Reino de Dios.

 

Y que todo reino, territorio o país tiene sus propias leyes.

De la misma manera que ocurre en las naciones de la tierra, también el Reino de Dios tiene principios y leyes que gobiernan la vida.

 

Cuando viajamos a otro país entendemos algo muy sencillo: estamos bajo las leyes de ese lugar.


Si las cumplimos, podemos disfrutar del viaje con tranquilidad.


Pero si las infringimos, tarde o temprano vendrán las consecuencias.

 

Lo mismo ocurre en el Reino de Dios.

 

Cuando caminamos en sus principios, nuestra vida encuentra orden, paz y dirección.


Pero cuando ignoramos esas leyes, inevitablemente aparecen las consecuencias.

 

Por eso es tan importante que las conozcamos.

 

Porque, aunque alguien no las conozca, nadie podrá presentarse delante de Dios diciendo:

 

“Disculpe… soy turista.”

 

El simple hecho de existir en este mundo ya nos coloca dentro de la creación de Dios.

 

La Biblia dice que todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él, tanto las visibles como las invisibles.

 

Eso significa que no vivimos en un universo sin dueño ni dirección.


Vivimos dentro de la creación de Dios, y por lo tanto también dentro del orden y los principios que Él estableció.

 

Por eso no se trata solo de decidir si creemos o no creemos.

En el Reino de Dios no existen turistas.


La realidad es que todos vivimos dentro del Reino de Dios y bajo las leyes espirituales que Él diseñó desde el principio.

 

Y aquí es donde ocurre algo muy interesante.

 

Es como un semáforo en una avenida.

El semáforo no está ahí para arruinarte el día ni para limitar tu libertad.

Está ahí para proteger tu vida y la de los demás.

 

Si decides ignorarlo, tal vez por un momento parezca que no pasó nada.

Pero tarde o temprano las consecuencias aparecen.

 

Las leyes del Reino funcionan de una manera muy parecida.

No fueron creadas para quitarnos la libertad… fueron creadas para proteger la vida que Dios nos dio.

 

Pero hay algo todavía más importante que debemos entender.

 

En las leyes humanas muchas veces alguien puede romper una regla y nadie darse cuenta.


Puede ocultarlo, justificarlo o simplemente pensar que salió impune.

 

Pero en el Reino de Dios no ocurre así.

 

Nada está oculto para los ojos de Dios.

 


“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.” — Salmo 139:7-8

 

No hay lugar donde podamos escondernos de la presencia de Dios.

No hay decisión, pensamiento o acción que esté fuera de su conocimiento.

 

Las leyes del Reino funcionan como principios espirituales



A diferencia de las leyes humanas, que a veces pueden ser ignoradas o burladas sin que nadie se dé cuenta, las leyes del Reino de Dios operan de una manera distinta.

 

La Biblia lo dice claramente:

 

“Dios no puede ser burlado: todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”— Gálatas 6:7

 

Esto significa que las leyes del Reino funcionan como principios espirituales.

Cada decisión que tomamos es como una semilla que sembramos, y tarde o temprano esa semilla producirá fruto.

 

leyes en el Reino de Dios

Podemos intentar justificar nuestras acciones, ocultarlas o pensar que nadie lo notó. Pero las leyes del Reino siguen operando, porque fueron establecidas por Dios mismo.

 

Y aquí es donde ocurre algo muy interesante.

 

La conciencia: la ley de Dios escrita en el corazón


Hay personas que ni siquiera conocen la Biblia y aun así viven conforme a muchos de estos principios.

 

Personas que quizás nunca han leído un versículo, pero saben que mentir está mal, que robar está mal, que traicionar está mal o que hacer daño a otros no es correcto.

 

¿Por qué ocurre esto?

 

La Biblia nos da una respuesta muy profunda.

 

“Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia.”— Romanos 2:15

 

Dios escribió una parte de su ley en el corazón del ser humano.

 

Por eso existe la conciencia. Esa voz interior que muchas veces nos incomoda cuando sabemos que hicimos algo que no está bien.

 

Es la razón por la que sentimos remordimiento después de mentir.

Es la razón por la que sentimos culpa cuando dañamos a alguien.

Es la razón por la que sentimos la necesidad de pedir perdón cuando sabemos que nos equivocamos.

 

La conciencia es como una alarma interior que Dios colocó dentro de nosotros para recordarnos cuando nos estamos desviando del camino correcto.

 

Pero aquí hay algo muy importante que debemos entender.


El problema no es saber lo correcto, sino tener la fuerza para vivirlo



vivir sabiamente en el reino de Dios

 


El hecho de que una persona tenga conciencia o trate de vivir correctamente no significa que no necesite a Dios.

 

Al contrario.

 

El problema nunca fue que no supiéramos lo que está bien… el problema es que muchas veces no tenemos la fuerza para vivirlo.

 

Sabemos que debemos perdonar… pero guardamos rencor.

Sabemos que debemos decir la verdad… pero mentimos.

Sabemos que debemos honrar… pero deshonramos.

 

La ley escrita en el corazón nos muestra el camino, pero también nos muestra nuestra necesidad de algo más grande.

 

Por eso Dios no solo prometió leyes externas.

 

Prometió algo mucho más profundo.

 

Dios estaba anunciando un nuevo pacto, uno mejor que el anterior.

 

El primer pacto había sido entregado por medio de Moisés.

La ley fue escrita en tablas de piedra en el monte Sinaí y contenía los mandamientos que Dios dio al pueblo de Israel para guiar su vida como nación.

 

Pero ese pacto tenía un problema: aunque la ley era perfecta, el corazón humano seguía inclinado al pecado.

 

Las personas conocían lo que debían hacer, pero muchas veces no tenían la fuerza para vivirlo.

 

Y así estamos todavía muchos de nosotros en ocasiones: sabiendo lo que está mal, pero sin tener la fuerza para dejar de hacerlo.

 

Frases como estas lo reflejan muy bien:

 “Sé que está mal decir mentiras… pero una mentirita blanca es necesaria.”


 “Sé que está mal emborracharme… pero lo necesito para sacar el estrés.”


 “Sé que debo perdonar… pero antes muerto que perdonarlo.”

 

Lo sabemos… ¿te das cuenta?

 Y Dios sabe que lo sabemos.

 Pero también sabe algo más: que no podemos solos.


El nuevo pacto: cuando Dios escribe su ley en el corazón

 

No sé si te ha pasado que cuando decides ponerte a dieta, lo que menos quieres es precisamente ponerte a dieta.


Sabes perfectamente lo que debes comer, pero de repente te inclinas a comer todo lo que no debes.

 

Lo mismo pasaba antes. La ley, las reglas y las limitaciones terminaban poniendo toda nuestra atención justo en aquello que no debíamos hacer.

 

Pero ahora es diferente.

 Y es aquí donde tú y yo nos encontramos.

 

Ya no estamos bajo esa antigua ley.

Estamos bajo la gracia de Dios, lo que significa que estamos bajo este nuevo pacto.

 

En lugar de leyes escritas en piedra, Dios prometió escribir su ley en nuestro corazón.

 

Ese nuevo pacto se cumpliría a través de Jesucristo.

 

Ya no se trata solamente de mandamientos externos que debían obedecerse por obligación, sino de una transformación interior.

 

Por eso, bajo el nuevo pacto, la obediencia ya no nace solamente del deber.

 

Nace de una relación con Dios.

 Cuando Jesús murió y resucitó, nos dejó una herencia: el Espíritu Santo.

 

El nuevo pacto: cuando Dios escribe su ley en el corazón


Es el Espíritu Santo quien ahora nos capacita.


Ya no solamente sabemos lo que está mal; ahora comenzamos a tener la fuerza para dejar de hacerlo.

 

No porque tengamos más fuerza de voluntad, sino porque Dios nos ha dado un espíritu de poder, de amor y de dominio propio.

 

Jesús mismo resumió toda la ley en dos mandamientos.

 

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Mateo 22:37-40

 

Toda la ley del Reino se resume en esto: amar a Dios y amar a las personas.

 

Porque cuando el amor de Dios comienza a gobernar tu corazón, las leyes del Reino dejan de sentirse como reglas externas… y comienzan a convertirse en vida dentro de ti.

 

Tengo un amigo al que le digo “compadre”, y muchas veces entre risas me dice:

 

“Comadre, sé que está mal… pero yo jamás voy a dejar de tomar. Me gusta demasiado la cerveza.”

 

Y yo siempre le respondo algo parecido:

 

“Claro que no podrás dejarlo por ti mismo.

Saber que algo está mal ya es un buen comienzo.

Pero cuando aceptes a Cristo en tu corazón y creas verdaderamente en Él, el poder del Espíritu Santo comenzará a obrar en tu vida, y entonces muchas cosas que hoy parecen imposibles… comenzarán a cambiar.”

 

Porque esa es la diferencia del nuevo pacto.

 

Antes solo sabíamos lo que estaba mal.

Ahora Dios nos da el poder para vivir de una manera diferente.

 

Las leyes del Reino no quitan vida, la protegen


vivir como ciudadano del Reino de Dios

Muchos creen que acercarse a Dios significa perder cosas…

cuando en realidad significa recuperar la vida que estaban perdiendo.

 

Muchas personas dicen cosas como:

“Yo no quiero acercarme a Dios porque sé que me va a quitar cosas que me gustan.”

 

Pero la realidad es otra.


Dios no vino a quitarte lo que disfrutas…

vino a librarte de lo que lentamente te estaba quitando la vida.

 

Pensamos que estamos perdiendo algo… cuando en realidad estamos ganando algo mucho mejor.

 

Porque lo que Dios ofrece siempre es mayor que lo que el mundo promete.

 

Si creías que la libertad era hacer lo que quisieras, descubrirás que la verdadera libertad es no ser esclavo de aquello que te domina.

 

Si creías que la paz se encontraba escapando de los problemas, descubrirás que la paz verdadera es tener a Dios caminando contigo en medio de ellos.

 

Y no solamente la paz.

 

También el gozo, la paciencia, la bondad, la fe, la mansedumbre y el dominio propio que el Espíritu Santo comienza a producir dentro de nosotros.

 

Porque la paz que el mundo ofrece nunca se comparará con la paz que Jesús da.

 

Y cuando esa paz comienza a llenar tu corazón, entiendes algo que antes no habías visto con claridad:

 

Las leyes del Reino no vinieron para quitarte la vida…

vinieron para darte la vida que Dios siempre quiso para ti.

 

En el Reino de Dios no existen turistas…

todos vivimos bajo sus leyes, lo sepamos o no.

 

Y ahora la pregunta es sencilla:

 

Si el Reino de Dios ya está disponible para ti…

¿seguirás viviendo como turista o comenzarás a vivir como ciudadano de su Reino?


¿Oramos juntos?


Señor,

Gracias porque tu Reino no es un lugar lejano,

sino una realidad que nos rodea y nos sostiene cada día.


Gracias porque tus leyes no fueron hechas

para quitarnos la libertad,

sino para proteger la vida que Tú mismo nos diste.


Hoy reconozco que muchas veces

he intentado vivir a mi manera,

ignorando tus principios o pensando

que podía caminar sin tu dirección.


Pero también reconozco que te necesito.


Necesito tu sabiduría para entender tu verdad,

tu gracia para levantarme cuando fallo

y tu Espíritu Santo para darme la fuerza de vivir conforme a tu voluntad.

Escribe tus caminos en mi corazón.


Transforma mis pensamientos, mis decisiones y mi manera de vivir.


Que tu amor gobierne mi vida y que cada día pueda caminar más como un verdadero ciudadano de tu Reino.


En el nombre de Jesús,

Amén.


Si este devocional despertó algo en tu corazón,

hay algo importante que debes saber: todo comienza entendiendo qué es realmente el Reino de Dios.


En el devocional anterior hablamos precisamente de eso.


Exploramos qué significa el Reino de Dios,

por qué no es solo un concepto religioso y cómo esa realidad espiritual ya está operando en este mundo.


Porque antes de entender las leyes del Reino,

primero necesitamos comprender qué es ese Reino del que Jesús hablaba constantemente.


Si aún no lo has leído, te invito a hacerlo ahora.

Ahí comienza todo.


Lee el devocional anterior: “El Reino de Dios”


Puede que al terminarlo descubras algo que cambie por completo la manera en que ves tu vida, tu fe y tu relación con Dios.


Con cariño, Tania.


 
 
 

Comentarios


¿Quieres que te avise cuando publique algo nuevo?

bottom of page