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Los atributos de Dios como Arquitecto: cómo construir con sabiduría lo que puso en tus manos

1 oct.
5 min de lectura

Actualizado: 1 oct.


Arquitecto, hoy quiero pedirte que te quedes unos minutos.


En este Día del Arquitecto quiero hacer algo diferente. Antes de celebrar nuestra profesión, los proyectos que hemos diseñado o las obras que todavía soñamos construir, quiero dirigir nuestra mirada hacia Dios, el Arquitecto y Constructor de todo lo creado.


Y si tú no eres arquitecto, quédate también.


Probablemente también estás construyendo algo: una empresa, una familia, un matrimonio, un ministerio, una carrera, una obra artística, una idea o una nueva etapa de tu vida.


Hace unos días estaba leyendo Génesis. Es un pasaje que había leído muchas veces, pero esta vez lo vi desde otra perspectiva y me hice una pregunta que me pareció maravillosa:


¿Cómo construye Dios? No solamente: ¿qué creó?

Sino: ¿cómo lo hizo?


Y fue ahí donde comencé a descubrir atributos de Dios como Arquitecto que necesitamos todos los que estamos construyendo algo.


Dios diseña con intención y construye con propósito


Génesis, el primer libro de la Biblia, comienza diciendo:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Génesis 1:1

Pero conforme avanzas en el relato descubres que Dios no simplemente coloca cosas al azar. Separa la luz de las tinieblas, separa aguas de aguas, delimita, ordena, establece espacios, asigna funciones y después llena aquello que había preparado.


No vemos solamente poder.


Vemos: diseño, orden, estructura, sistemas, propósito e intención.


Proverbios 3:19 lo expresa de una manera hermosa:

“Con sabiduría fundó Jehová la tierra; afirmó los cielos con inteligencia.”

Dios no solamente creó con poder. Construyó con sabiduría e inteligencia.


Y Hebreos incluso lo llama: “…arquitecto y constructor…”


Dios diseña y ejecuta.


Solo piensa por un momento en cómo funciona todo lo que nos rodea: el agua, la tierra, el sol, las plantas, los animales, nuestro propio cuerpo. Cada elemento interactúa con otros y cumple una función.


¡Es sorprendente!


Dios no creó solamente algo bonito para contemplarlo. Diseñó una realidad funcional, habitable y llena de propósito.


Y algo más: Dios trabaja por etapas.

Primero prepara, después llena.

Primero ordena, después asigna función.


Cuánto necesitamos aprender eso cuando queremos construirlo todo de golpe.


Dios diseña para habitar



Mucho después, Dios mandó construir el tabernáculo, un santuario móvil que acompañaba al pueblo de Israel durante su camino por el desierto.


Y algo que me parece maravilloso es la manera en que Dios comunicó cómo quería que se construyera.


Les dio prácticamente “santo y seña”: no les dijo simplemente “Constrúyanme algo bonito”, sino que dio instrucciones, medidas, materiales, distribución y un modelo específico.


Había intención detrás de cada detalle.


Pero lo verdaderamente hermoso aparece cuando Dios explica para qué quería ese espacio:

“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.” Éxodo 25:8

El objetivo no era solamente levantar una construcción bien diseñada. El propósito era habitar con ellos.


Eso también debería hacernos preguntarnos: ¿para qué estoy construyendo lo que estoy construyendo?


Porque podemos construir una gran empresa y perder a las personas. Podemos levantar una casa espectacular y descuidar el hogar. Podemos hacer crecer un ministerio y olvidar la presencia de Dios.


No solamente importa qué construyes.


Importa para qué lo construyes y a quién quieres honrar con ello.


Dios no solo tiene el diseño: también capacita al diseñador


Y entonces encontré a Bezalel.


Bezalel fue uno de los artesanos escogidos para trabajar en el tabernáculo. Y Dios dijo de él:


“Lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños…” Éxodo 31:3–4

Cuando lo leí pensé:

¡Dios mío, entonces yo también puedo tener esas habilidades!


Dios no solamente tenía el diseño.

También capacitó a la persona que tendría que ejecutarlo.


Le dio sabiduría, inteligencia, conocimiento, creatividad y habilidad.


Dios equipa a las personas para las funciones que pone delante de ellas.


Y justo en esos días yo estaba (y sigo jaja) tratando de resolver un vestíbulo dentro de un proyecto muy especial. Lo veo, cambio cosas, muevo elementos, pruebo nuevamente… pero todavía no encuentro esa solución que me haga decir: “Eso es”.


Y mientras estudiaba todo esto sentí que Dios abría mis ojos.


Fue como si me recordara:

“No tiene que salir solamente de tu capacidad creativa.”


Y para mí eso fue un descanso.

Dejar de construir desde el “yo puedo”


Porque hay algo que no quiero que olvidemos.


Pedir sabiduría, creatividad o inteligencia a Dios no significa volvernos más autosuficientes.

Significa exactamente lo contrario: reconocer de dónde viene todo lo que tenemos.


Bezalel tenía habilidades extraordinarias, pero Dios mismo dejó claro quién se las había dado.

Y quizá nosotros también necesitamos dejar de construir desde el “Yo”:


“yo puedo”,

“yo sé”,

“yo tengo experiencia”,

“yo lo voy a resolver”.


No para negar nuestras capacidades, sino para reconocer que cada talento, oportunidad y habilidad que tenemos es una herramienta para servir a Dios y a las personas que puso delante de nosotros.


Lo que Dios puso en ti no fue solamente para hacerte destacar.


También es para servir, construir, ayudar, desarrollar y cumplir un propósito mayor que tú mismo.


Cuando tus ideas ya no alcanzan



Y esto no se trata solamente de diseñar un espacio.


Puede ser que estés tratando de resolver una empresa, dirigir un equipo, ordenar tus finanzas, educar a tus hijos, cuidar tu matrimonio, desarrollar un ministerio o tomar una decisión que no sabes cómo enfrentar.


Llegar al punto de pensar: “Ya no sé qué hacer.”


Te quiero recordarte algo: no necesitas tener todas las respuestas.


Pero sí necesitas recordar a quién puedes acudir.


La Biblia dice:

“Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios…” Santiago 1:5

Entonces, ¿por qué no pedírsela?


Sabiduría para diseñar, para dirigir, para ordenar, para administrar, para crear sistemas, para tomar decisiones y para saber qué poner, qué quitar, qué separar y qué unir.


No necesitas un propósito nuevo.

Necesitas sabiduría para desarrollar correctamente aquello que ya tienes en tus manos.


No limites lo que estás construyendo a lo que sabes hoy.


Cuando no encuentres la solución, vuelve a Dios y pídele que te enseñe a construir.


Tal vez no tienes todo el plano, pero conoces a Aquel que sí ve la obra completa y puede mostrarte el siguiente paso..


Te animo y te bendigo,


Ora conmigo


Señor, gracias porque Tú eres el Arquitecto de quien yo deseo aprender más.


Diseñas con intención, construyes con propósito y haces todo con sabiduría e inteligencia.


Hoy reconozco que no quiero construir solamente desde mis capacidades, mi experiencia o mi propio conocimiento.


Todo lo que tengo viene de Ti y quiero usarlo para servirte y cumplir correctamente con aquello que has permitido poner en mis manos.


Dame sabiduría para diseñar, inteligencia para resolver, discernimiento para ordenar y creatividad para desarrollar.


Así como capacitaste a Bezalel para la obra que tenía delante, dame también lo que necesito para construir bien aquello que hoy está bajo mi responsabilidad.


Y cuando no encuentre la solución, recuérdame que puedo volver a Ti en todo momento.


Enséñame a construir contigo.

En el nombre de Jesús, amén.


Si esta palabra fue luz para ti, compártela con alguien que hoy necesite recordar que no tiene que construir todo desde sus propias fuerzas.


Y si quieres seguir aprendiendo a vivir tu fe en medio de tu empresa, tu familia, tus relaciones y todo aquello que Dios puso en tus manos, sígueme en mis redes sociales.


Soy Tania Herrera y por aquí comparto Fe para la Vida Real.



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