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Cómo reconocer a Dios en su creación🌎

hace 11 minutos
4 min de lectura

 


“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.” Salmo 139:14


Cuando no sabes cómo explicar por qué crees en Dios

 

Hay verdades que nuestra mente intenta comprender y explicar, pero que algo dentro de nosotros, en el alma, parece reconocer mucho antes de que encontremos las palabras.


Podemos observar, preguntar y buscar respuestas, pero en lo profundo hay algo que simplemente sabe: Dios está aquí y las huellas de sus manos están en todo lo creado.


Este devocional nació en un día ordinario, sin haberlo planeado y sin estar preparando una enseñanza. Solo comencé a pensar en el nivel de detalle con el que Dios creó cada cosa y, mientras lo reconocía, no pude dejar de llorar.


La creación revela la grandeza de Dios


Como diseñadora de interiores, sé que, al escoger cada color, textura, forma y proporción existe una intención. Por eso, cuando observo las flores, las hojas, las aves y la manera tan perfecta en la que la naturaleza funciona, me resulta imposible pensar que tanta belleza, orden y vida carezcan de un gran Diseñador.


Muchas veces creemos que orar consiste principalmente en acercarnos a Dios para pedirle una respuesta, una provisión, una dirección o un milagro. Sin embargo, esta vez no quería pedirle nada; solamente quería estar con Él, reconocer quién es, agradecerle y expresarle cuánto lo amo.


Quise acercarme a platicar con Él y alcanzarlo con mis palabras. Decirle que que maravilloso era, y mientras intentaba expresar todo lo que estaba sintiendo, nació esta oración; no sé si llamarla poema, adoración o simplemente el desbordamiento de un corazón maravillado delante de su Creador.



Una oración para expresar tu amor a Dios

Si tú también reconoces a Dios, si tu alma sabe muy bien que sus obras son maravillosas, pero hoy no encuentras las palabras para decírselo, puedes hacer tuya esta oración:


Mi alma no puede negarte

Es tan difícil negar tu existencia

cuando todo dentro de mí puede sentirte.


Hay algo en mi alma que te reconoce,

algo que me confirma tu amor,

tu sabiduría y el nivel de detalle con el que pensaste cada cosa.


El color de las flores.

Las formas de las hojas.


Las texturas, los aromas,

el canto de las aves

y la manera en que toda la creación convive en armonía.


Quienes nos dedicamos al diseño sabemos

que cada elección tiene una intención.


Sabemos que un color no se coloca porque sí,

que una textura produce una sensación

y que cada forma, cada proporción y cada elemento

deben ser pensados hasta en el más mínimo detalle.


No podemos dar una instrucción

y esperar que una edificación se levante sola.

No podemos lanzar los materiales al aire

y esperar que al caer formen un hogar.


Por eso, cuando contemplo la naturaleza,

mi alma no puede creer

que tanta belleza, orden y vida

carezcan de un Autor.


Si nosotros, con toda nuestra capacidad,

no podemos crear una flor,

darle vida a una semilla

ni formar un ser humano desde la nada,

entonces tuvo que existir Alguien superior a todo lo creado.


Y mi alma sabe que eres Tú, Papá.

Eres Tú quien creó los cielos y la tierra.


Eres Tú quien sostiene el universo

y mantiene cada cosa en su lugar.


Tú estableciste los límites del mar,

marcaste el recorrido de los astros

y colocaste la Tierra en el lugar preciso

para que la vida pudiera existir.


Eres Tú, Papá,

quien pensó en cada detalle.

Y mientras más observo lo que hiciste,

más pequeña se siente mi mente

delante de la inmensidad de tu sabiduría.


No alcanzo a comprenderte por completo,

pero puedo reconocerte.


Te reconozco en la belleza.

Te reconozco en el orden.

Te reconozco en la vida.


Te reconozco en todo aquello

que lleva las huellas de tus manos.


Mi alma no puede negarte.

Solo puedo decirte que te amo,

y que no existe mayor deleite

que sentir tu presencia.


Quisiera llegar hasta Ti,

tocarte y abrazarte.

Pero sé que tu grandeza no puede reducirse

a todo lo que mi mente humana alcanza a comprender.


Y aun así, siendo tan grande,

tan santo

y tan superior a todo lo creado,

quisiste acercarte a mí.


Gracias por enviar a tu Hijo Jesús.


Gracias porque, por medio de Él,

el Dios eterno e invisible

se hizo cercano.


Gracias porque Jesús murió por mí,

porque cargó con el pecado, la culpa

y la condenación que yo no podía quitarme.


Mi deuda era demasiado grande

y yo no podía pagarla,

pero tu amor fue aún más grande.


Tú quitaste aquel peso de mí

para darme perdón, libertad

y una vida con propósito.


¿Cómo podría negarte, Papá,

si todo mi ser puede sentirte?


¿Cómo podría dudar de tu amor,

si Jesús es la evidencia

de cuánto deseabas acercarme a Ti?


Te amo.


Por más que encuentre maneras de negarte

y que mi alma rebelde intente alejarse,

cuando tu presencia me alcanza,

todo dentro de mí se desborda.


Eres mi refugio cuando tengo miedo,

mi dirección cuando no sé qué camino tomar

y mi consuelo cuando las palabras de otros

no alcanzan a tocar mi dolor.


Eres quien me sostiene cuando estoy cansada.


Quien conoce lo que no puedo explicar

y escucha incluso las oraciones

que solamente pueden expresarse con lágrimas.


Me tomas, me envuelves

y me llenas de Ti.


Entonces mi alma vuelve a saber

lo que nunca pudo negar:


Que eres Tú.

Que siempre has sido Tú

El que era, el que fue y el que vendrá.


Gracias, Papá.



¿Tu alma también reconoce a Dios?

A veces no necesitamos comprender todos los argumentos ni conocer toda la evidencia histórica o científica para que algo dentro de nosotros reconozca cuán real es Dios y cuán grande es su amor.


Antes de que nuestra mente encuentre las palabras para explicarlo, nuestra alma parece saberlo muy bien.


¿Alguna vez has sentido ese amor de Dios que no puedes explicar, pero que tampoco puedes negar?


Hoy acércate a Él sin una lista de peticiones. Detente por unos minutos, reconoce quién es y dile cuánto lo amas, aunque las únicas palabras que puedas pronunciar sean: “Gracias, Papá. Mi alma no puede negarte.”


Completa esta frase en tu corazón, en una libreta o en los comentarios:

“Dios, mi alma te reconoce cuando…”


Y si esta oración expresó algo que tú también has sentido, compártela con alguien que necesite recordar que Dios está cerca y que su amor continúa alcanzándonos.


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