Cómo encontrar refugio en Dios en momentos difíciles 🤍

Hace unos días me descubrí haciendo algo que seguramente a muchos nos pasa sobre todo en vacaciones: estaba bien, descansando, disfrutando a mi familia, cambiando horarios y viviendo unos días más relajados… pero por dentro algo se había ido apagando.
No había sucedido nada grave todavía.
Simplemente me había acostumbrado poco a poco a vivir con menos oración, menos Biblia y menos momentos reales con Dios.
Y mientras todo estaba bien, quizá ni siquiera me daba cuenta de cuánto me había alejado de esa rutina que tanto bien me hace.
Hasta que llegó una situación inesperada y ahí sí, casi de inmediato, volví a buscar a Dios con una necesidad urgente.
Porque así pasa muchas veces: creemos que estamos bien y seguimos con nuestra vida… hasta que algo se mueve y recordamos cuánto necesitamos tener un lugar donde refugiarnos.
“Por más fuertes, capaces o independientes que seamos, todos necesitamos un lugar donde refugiarnos.”
Cómo volver a acercarme a Dios cuando me siento desconectada
En mi caso, todo empezó durante las vacaciones.
Los niños se acostaban más tarde, nosotros también nos levantábamos un poco después y yo dejé de levantarme temprano a orar.
Prefería dormir un poco más (lo cual también es sano y normal), luego empecé a leer menos la Biblia y, aunque seguía hablando con Dios durante el día, llegó un momento en que me di cuenta de que ya no estaba alimentando mi espíritu como antes.
Ya ni siquiera leía el versículo del día, de esos que te salen en el celular.
Esos momentos especiales de encuentro con Dios, en los que me detenía realmente a escucharlo, leer su Palabra y estar con Él, poco a poco habían desaparecido de mi rutina.
Cuando caí en cuenta de que algo no estaba bien e intenté regresar, descubrí algo que me preocupó todavía más: ahora sí realmente me daba flojera orar.
Abría la Biblia y me aburría, comenzaba a hablar con Dios y no sentía absolutamente nada. Es frustrante querer conectar como antes y sentir que ya no puedes hacerlo con la misma facilidad.
Así que decidí regresar aunque tuviera flojera y aunque no sintiera nada. Volví a hablar con Dios con toda honestidad, sin palabras bonitas ni oraciones elaboradas:
“Señor, creo que estoy desconectada de Ti. No quiero levantarme, no quiero leer la Biblia; prefiero dormir, ver mi celular o trabajar antes que buscarte.
Haz lo que necesites hacer, pero ayúdame a volver, porque no quiero estar así. Sé que la que se alejó fui yo. Ayúdame a regresar y perdóname”.
Y se lo dije varias veces.
Para mi sorpresa, Dios no tardó mucho en responder. Llegó una situación complicada dentro de casa y se me acabó la comodidad jaja, una de esas pequeñas sacudidas que de repente te hacen doblar las rodillas y decir: “¡Señor, ayúdame!” 😂
Dios sabe perfectamente cómo tratar con cada uno de nosotros.
Y mientras atravesaba esa situación pensé en algo: qué fácil es acomodarnos cuando todo está bien.
Amamos a Dios, disque hablamos con Él durante el día y sabemos que lo necesitamos, pero cuando nada parece urgente podemos ir dejando para después aquello que justamente nos sostiene.
Días antes había hablado con una amiga y le decía: “Estoy comiendo delicioso desayuno, comida y cena, ando en bicicleta, me siento bien físicamente… pero siento que me falta algo: alimento espiritual”.
Y pensé: si alimentamos nuestro cuerpo varias veces al día ¿por qué pensamos que nuestro espíritu puede vivir con las sobras? Así estaba yo, no sé en que condición estes hoy.
La Biblia habla de esa lucha real y constante entre nuestra comodidad y lo que nuestro espíritu necesita:
“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:17).
Siempre habrá una razón para dormir un poco más, revisar el teléfono, trabajar primero o dejar a Dios para después.
El problema es que muchas veces no nos damos cuenta de cuánto nos hemos debilitado espiritualmente hasta que llega un día difícil.
Y ahí sí, casi sin pensarlo, sale el: “Diosito, ayúdame por favor” 😂 porque cuando todo se mueve recordamos algo que nunca debimos olvidar: sí necesitamos a Dios, y sí tenemos un refugio al cual correr.
Pero ¿qué necesidad hay de esperar a que lleguen esos momentos para volver a buscarlo?
Un refugio en medio del desierto: la historia de Agar en la Biblia

Hay una mujer en la Biblia llamada Agar, y su historia no es precisamente bonita.
Pero justamente por eso nos ayuda a entender con muchísima claridad qué significa tener un refugio cuando todo alrededor parece haberse complicado.
Agar era egipcia.
La Biblia no nos cuenta exactamente cómo llegó a formar parte de la casa de Abraham y Sara, aunque capítulos antes leemos que, durante una estancia en Egipto, el faraón entregó a Abraham siervos y siervas.
Es posible que Agar hubiera llegado a aquella familia en ese periodo.
Lo que sí sabemos con certeza es que cuando volvemos a encontrarla en la historia, ya era una esclava egipcia al servicio de Sara.
Y si no conoces mucho esta historia, Abraham es uno de los personajes más importantes de la Biblia. Dios lo llamó a salir de su tierra y le prometió que tendría una gran descendencia; por eso se le conoce como una figura central de la fe y como padre de una gran nación.
El problema era que los años pasaban y el hijo prometido no llegaba.
Entonces Sara tomó una decisión para que la promesa se cumpliera y además tenía sentido dentro de algunas costumbres de aquella época: le dio a Abraham a su propia esclava, Agar, para que tuviera un hijo por medio de ella.
Ahora imagina un momento que eres Agar.
Eres una mujer egipcia, estás lejos de tu tierra, vives como esclava dentro de una familia extranjera y prácticamente no tienes poder para decidir sobre tu propia vida.
Y ahora tu dueña decide que tendrás relaciones con su esposo, un hombre de alrededor de 85 años en ese momento, para darle a esa familia el hijo que ellos no habían podido tener.
Que aquello fuera una práctica culturalmente conocida no significa que, vista desde la experiencia de Agar, haya sido algo fácil. Ella era la persona con menos poder dentro de toda aquella historia.
Finalmente, Agar quedó embarazada y posteriormente nació Ismael. Abraham tenía 86 años cuando nació su hijo.
Y entonces todo comenzó a complicarse.
La Biblia dice que, cuando Agar supo que estaba embarazada, comenzó a ver con desprecio a Sara. Sara se sintió humillada, reclamó a Abraham y él prácticamente le respondió:
“Es tu sierva, haz con ella lo que quieras”.
Entonces Sara comenzó a tratarla con tanta dureza que Agar prefirió huir estando embarazada.
Piénsalo otra vez como si fueras Agar.
Estás lejos de tu tierra, eres esclava, estás embarazada del hijo de tu patrón y ahora la convivencia dentro de aquella casa se ha vuelto tan difícil que prefieres salir huyendo hacia el desierto sin saber siquiera qué va a pasar contigo.
Y Abraham, el hombre que te embarazó, prácticamente deja la situación en manos de Sara:
“Es tu sierva, haz con ella lo que bien te parezca”.
Y allí, en medio del desierto en esa situación complicada, sucedió algo extraordinario:
Dios salió a su encuentro.
La Biblia dice que el ángel del Señor la encontró junto a una fuente de agua en el desierto, camino a Shur, y le preguntó: “Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes y a dónde vas?”.
Dios sabía perfectamente quién era y dónde estaba, pero se acercó a hablar con ella en medio de su aflicción.
Además le hizo una promesa sobre el hijo que llevaba dentro y le dijo que lo llamara Ismael, porque el Señor había escuchado su sufrimiento.
Y entonces Agar hizo algo impresionante. Llamó al Dios que había hablado con ella:
“Tú eres el Dios que me ve.” Génesis 16:13
Me encanta porque quizá para todos los demás Agar era solamente “la esclava”. Pero Dios sabía su nombre, conocía su historia, había escuchado su sufrimiento y sabía exactamente dónde encontrarla.
Pero su historia todavía tendría otro capítulo difícil.
Años después ocurrió aquello que Abraham y Sara habían esperado durante décadas: nació Isaac, el hijo que Dios les había prometido.
Pero imagina ahora aquella dinámica familiar: Sara había pedido a su propia esclava que tuviera un hijo con Abraham y ahora Agar seguía viviendo allí con Ismael, el primer hijo de Abraham.
Era una familia bastante complicada, por no decir: disfuncional.
Cuando Isaac creció, surgió nuevamente un conflicto y Sara pidió a Abraham que expulsara a Agar y a Ismael porque no quería que Ismael compartiera la herencia con Isaac.
La Biblia aclara algo importante: a Abraham le dolió muchísimo aquella petición porque Ismael también era su hijo.
Dios entonces le aseguró que cuidaría también de Ismael y que haría de él una gran nación.
A la mañana siguiente Abraham tomó pan y un recipiente con agua, se los dio a Agar y la envió con el muchacho. Y terminaron vagando por el desierto, hasta que el agua se acabó.
Agar puso a Ismael debajo de un arbusto y se alejó porque no soportaba verlo morir. La Biblia dice que se sentó a cierta distancia y comenzó a llorar.
¿Te imaginas ese momento?
Después de todo lo que había vivido, estaba nuevamente en un desierto, pero ahora viendo cómo su propio hijo podía morir frente a ella.
Y entonces vuelve a aparecer Dios.
La Biblia dice: “Dios oyó la voz del muchacho.”
El ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo:
“¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.” Génesis 21:17
Y después ocurre algo que me parece precioso:
“Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua.” Génesis 21:19
No parece haber sido el mismo pozo del primer encuentro. La primera vez Agar estaba camino a Shur; años después se encontraba en el desierto de Beerseba.
Y la Biblia tampoco dice que Dios haya hecho aparecer el pozo de repente, sino que abrió sus ojos y entonces ella pudo verlo.
Eso me hace pensar en cuántas veces, en medio de nuestra desesperación, sentimos que no existe ninguna salida porque simplemente todavía no podemos verla.
Y aquí está el contraste que más me conmueve de toda esta historia.
Agar había vivido muchas consecuencias de decisiones que ni siquiera comenzaron con ella.
Había sido utilizada, maltratada y enviada a morir al desierto. Había llegado al punto de pensar que su hijo moriría frente a sus ojos.
Pero cuando Agar ya no veía una salida, Dios si seguía viendo a Agar.
Cuando ella no veía agua, Dios ya sabía dónde estaba la provisión.
Cuando ella pensaba que todo se había terminado, Dios todavía estaba escribiendo su historia.
Eso es un refugio.
Cómo encontrar refugio en Dios en momentos difíciles

Tal vez tu desierto hoy no se parece al de Agar.
Puede ser un problema matrimonial, una preocupación por uno de tus hijos, una dificultad económica, una injusticia, una decisión equivocada, un problema en tu empresa o simplemente una situación que no sabes cómo resolver.
Quizá tú misma contribuiste a que el problema comenzara, alguien tomó una decisión que terminó afectándote.
O simplemente estás viviendo una de esas circunstancias que llegan sin pedir permiso.
Y quizá en ese momento ni siquiera necesitas una explicación.
Necesitas llorar, necesitas fuerzas, necesitas sabiduría para saber qué hacer y necesitas recordar que alguien te sigue viendo cuando sientes que nadie comprende completamente lo que estás viviendo.
Ahí está el refugio.
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Salmo 46:1
La Biblia está llena de historias difíciles.
Familias rotas, injusticias, pérdidas, desiertos, persecuciones y personas que llegaron a momentos donde humanamente parecía que todo estaba perdido.
Pero dentro de esas historias aparece una y otra vez el mismo Dios.
El Dios que ve.
El Dios que escucha.
El Dios que acompaña.
El Dios vivo que sigue siendo refugio.
Por eso hoy me siento agradecida incluso en medio de las situaciones que no puedo controlar.
Porque puedo equivocarme, alguien puede herirme, las cosas pueden complicarse y puede ser que todavía no tenga todas las respuestas, pero sé a dónde correr.
Y eso cambia completamente la manera de atravesar un día difícil.
La vida con Dios no significa que nunca atravesaremos desiertos; significa que nunca tendremos que atravesarlos solos.
Para reflexionar:
¿Dónde buscar refugio cuando todo se complica?
Cuando las cosas se complican, ¿hacia dónde corres primero?
¿Has estado alimentando tu espíritu o solamente recurriendo a Dios cuando necesitas que te saque de una situación?
Oración para encontrar refugio en Dios
Señor, gracias porque eres mi refugio aun en los días que no entiendo.
Perdóname por las veces que me acomodo, me distraigo y dejo de alimentar mi relación contigo hasta que una dificultad vuelve a recordarme cuánto te necesito.
Ayúdame a buscarte también cuando todo está bien, no solamente cuando tengo miedo o necesito una respuesta.
Y si hoy estoy atravesando un desierto, recuérdame que Tú eres el Dios que me ve, el Dios que escucha mi oración y el Dios que permanece conmigo aun cuando todavía no puedo ver la salida.
En el nombre de Jesús, amén.




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