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¿Cómo saber si Dios te está mostrando que algo necesita cambiar? ✨

3 sept
5 min de lectura

Actualizado: 4 sept


Mujer reflexionando sobre los cambios de su vida y buscando dirección de Dios

A veces obedecer también significa dejar de defender lo conocido.


“El cambio ocurre cuando el dolor de permanecer igual es mayor que el dolor de cambiar.”


Hay una razón por la que esta frase conecta tanto: cambiar cuesta, pero llega un momento en el que seguir exactamente igual también empieza a doler.


Y no te hablo necesariamente de tocar fondo.

Puedes estar bien y, aun así, sentir que algo podría estar mejor.


Quizá llevas años manejando tus finanzas de la misma manera, trabajando con los mismos procesos, reaccionando igual ante ciertas situaciones o repitiendo hábitos que simplemente se volvieron parte de tu vida.


Nada se ha derrumbado.

Pero hay una pequeña incomodidad.

No siempre sabes qué significa ni qué tendrías que cambiar.


Solo empiezas a preguntarte si todavía quieres seguir haciendo las cosas de la misma manera.


Y como no hay una crisis, tampoco hay urgencia.

Por eso muchas veces seguimos ahí.


Decimos: “Yo siempre he sido así”, “así me funciona”, “siempre lo hemos hecho de esta manera”.


Pero quizá la pregunta no es si hasta hoy te ha funcionado.


La pregunta es:

¿Todavía te está llevando hacia donde necesitas crecer?


No toda incomodidad significa que debemos movernos y no todo cambio viene de Dios. A veces Él nos pide permanecer; otras veces, esperar.


Pero también hay temporadas en las que seguir haciendo exactamente lo mismo deja de ser perseverancia y empieza a convertirse en resistencia.


Y cambiar no siempre comienza con algo enorme.

A veces comienza preguntándonos con humildad:


“¿Hay una manera mejor de hacer esto?”

Pequeños cambios pueden cambiar tu dirección


Hace poco entendí esto de una manera muy sencilla.

Después de una lesión fuerte en la rodilla, por fin regresé al ejercicio.


Un día mi entrenador me vio hacer una sentadilla y me dijo:

“Lo estás haciendo mal.”


Yo no entendía. Estaba haciendo mi mejor esfuerzo por cuidarme y pensaba que lo estaba haciendo correctamente.


Entonces corrigió la posición de mi pie. Eran aproximadamente cinco centímetros.


Para mí parecían imperceptibles.

Para él, que sabía qué observar, eran suficientes para hacer una diferencia.


Y ahora me cuesta acostumbrarme, porque mi cuerpo quiere regresar a la posición que conoce.


Tengo que pensar el movimiento, corregirme y repetirlo hasta aprender una manera distinta.


Ahí entendí algo:

Que llevemos años haciendo algo no significa que sea necesariamente la mejor manera de hacerlo.


Lo mismo estoy viviendo en mi empresa.

Estamos cambiando procesos, incorporando nuevas tecnologías y aprendiendo a trabajar de una manera diferente.


Porque a veces crecer no comienza descubriendo algo completamente nuevo.

A veces comienza teniendo la humildad de reconocer que algo que creíamos hacer bien todavía puede hacerse mejor.


Y justamente por eso pensé en Abram.


Abram y el llamado de Dios a salir de lo conocido


Representación de Abram respondiendo al llamado de Dios en Génesis 12

Abram, quien después sería llamado Abraham, es una de las figuras centrales de la Biblia.


Su familia provenía de Ur de los caldeos, una de las grandes ciudades de la antigua Mesopotamia.


Los estudios históricos y arqueológicos muestran que era una ciudad desarrollada y profundamente religiosa, cuyo dios principal era Nanna, el dios lunar.


La Biblia agrega un dato todavía más cercano: Josué 24:2 dice que Taré, padre de Abram, y sus antepasados servían a otros dioses.


Ese era parte del mundo que Abram conocía: su familia, su cultura, sus costumbres y su manera de entender la vida.


Y cuando vivimos mucho tiempo dentro de algo, fácilmente comenzamos a pensar que así son las cosas.


Hasta que Dios le dice:


“Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” — Génesis 12:1

Abram tenía que dejar su tierra, sus parientes y la casa de su padre para caminar hacia un lugar que todavía no conocía. ¿Te imaginas un hombre de alrededor de 75 años, saliendo de la comodidad para irse a un lugar que, ni siquiera sabía a dónde iba?


No tenía el mapa completo.

Dios no le explicó primero cómo terminaría todo.


Le pidió confiar.

Y unos versículos después leemos:


“Y se fue Abram, como Jehová le dijo.” — Génesis 12:4

Eso es obediencia y fe.

No significa que todo lo conocido sea malo ni que todo lo nuevo venga de Dios.


Significa que cuando Dios muestra una dirección diferente, necesitamos humildad para dejar de defender nuestra manera y permitirle enseñarnos otra.


Porque lo único que tú conoces no es lo único que Dios puede hacer con tu vida.


Tu historia no tiene que repetirse


Hay una verdad preciosa en la historia de Abram:

Tu origen puede explicar tu historia, pero no tiene autoridad para decidir tu destino.


Tú también creciste viendo ciertas maneras de manejar el dinero, trabajar, relacionarte, criar a tus hijos o enfrentar los problemas.


Algunas vale la pena conservarlas.

Otras quizá simplemente las repetimos porque son lo único que conocemos.


Pero lo que viste toda tu vida no tiene por qué convertirse en lo que vivirás toda tu vida.

Dios puede enseñarte algo nuevo.


¿Cómo saber si Dios quiere que cambies algo?


discernir la voluntad de Dios

Puedes preguntarte:


  • ¿Esto contradice algún principio bíblico?

  • ¿Estoy permaneciendo por obediencia o por miedo?

  • ¿Estoy defendiendo una costumbre solamente porque siempre lo he hecho así?

  • ¿He buscado consejo sabio?

  • ¿Estoy dispuesto a obedecer aunque todavía no tenga todas las respuestas?


Nosotros no somos Abram y no toda incomodidad significa que Dios nos está diciendo que cambiemos.


Por eso podemos llevar aquello que sentimos delante de Dios, confrontarlo con su Palabra, escuchar consejo sabio y preguntarnos con humildad:


“Señor, ¿hay algo aquí que Tú quieras enseñarme?”


Quizá hoy Dios no te está pidiendo dejar una ciudad ni comenzar una vida completamente diferente.


Tal vez simplemente hay algo que necesita tu atención: un hábito, una conversación, una decisión, una manera de reaccionar o una forma de hacer las cosas que llevas demasiado tiempo repitiendo.


Así que quiero dejarte una pregunta:


¿Hay algo que sabes que necesitas revisar o hacer diferente, pero sigues posponiendo porque lo conocido todavía se siente más cómodo?


No tienes que resolver toda tu vida hoy. Quizá el siguiente paso son cinco minutos.

Quizá son cinco centímetros.


Y cuando Dios es quien está corrigiendo la dirección, cambiar también puede ser obedecer.


Oración


Señor, muéstrame aquello que necesita ser corregido en mí y dame humildad para reconocerlo.


Ayúdame a no aferrarme a lo conocido solamente porque me resulta cómodo.


Dame sabiduría para saber cuándo permanecer, cuándo esperar y cuándo dar un paso diferente porque Tú me estás guiando.


Si necesito desaprender, corrígeme. Si necesito aprender algo nuevo, enséñame.


Y si hoy la obediencia comienza con algo pequeño, dame valentía para dar ese paso.

En el nombre de Jesús.


Amén.

 

A veces, el cambio que más nos cuesta aceptar es precisamente el que Dios está usando para llevarnos a crecer.


No tienes que tener todas las respuestas. Solo necesitas estar dispuesto a escuchar y dar el siguiente paso.


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