La importancia de los buenos consejeros

Hay temporadas en las que de verdad ya no sabes qué más hacer. Tienes un problema enfrente, llevas tiempo tratando de resolverlo y, aunque le has dado muchas vueltas, no encuentras la manera de avanzar.
Y cuando una situación comienza a rebasar tu capacidad, también puede empezar a tocar tus emociones. Puedes sentir ansiedad, perder el sueño, frustrarte porque no ves fruto y terminar frente a una pared que, por más que intentas derribar, sigue ahí.
Hace poco a mí me pasó justo eso.
Empecé a preguntarme: ¿Cuánto tiempo voy a estar así? Y eso me aterraba.
No solamente no tenía la respuesta; me angustiaba pensar en permanecer mucho tiempo en una situación donde no veía salida. ¿Alguna vez te ha pasado?
Quizá tu empresa no está creciendo como esperabas, las ventas no responden, tienes problemas con tu equipo o estás frente a una decisión importante y simplemente no sabes qué hacer.
Justo en una temporada así empecé a hacerme otra pregunta: ¿qué tan bueno es buscar consultorías, mentorías, clases o personas que me ayuden a resolver aquello que yo sola no estoy pudiendo resolver? ¿Estará Dios de acuerdo con eso? ¿O debería simplemente buscarlo más a Él y esperar que toda la dirección venga directamente de su parte?
Porque cuando amas a Dios y quieres hacer las cosas bien, también puedes llegar a dudar de esto. Puedes pensar que quizá estás confiando demasiado en la preparación, en las estrategias o en el conocimiento de otras personas.
Pero entonces regresé a algo que para mí es fundamental: antes de nuestras ideas, emocionalismos, suposiciones o experiencias, está lo que Dios ya dejó escrito:
“Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.” Proverbios 15:22
Y justo ahí comprendí algo que me dio mucha paz: buscar consejo no significa soltarte de Dios.
Puedes orar, buscar su dirección y, al mismo tiempo, pedirle que te conecte con las personas correctas para enseñarte aquello que todavía no sabes.
Porque muchas veces la respuesta no está en seguir pensando más, esforzarte más o quedarte otra noche sin dormir tratando de encontrar una salida.
A veces la respuesta está en reconocer con humildad: “esto ya rebasó mi capacidad actual.”
Y entonces buscar a alguien que sea mejor que tú en esa área, contratarlo, invertir en su conocimiento y permitirle ayudarte a ver algo que tú ya no estás pudiendo ver.
Tal vez esa persona no va a resolverlo exactamente como tú lo harías. No eres tú, no conoce todos tus pensamientos y tampoco puede leer tu mente. Pero puede darte una idea, una herramienta o una perspectiva que termine destrabando aquello donde llevabas demasiado tiempo detenido.
Y sí, yo también he vivido eso. Por eso te lo digo desde una experiencia real: sí hay formas.
David también necesitó personas que supieran qué hacer

David fue uno de los reyes más importantes de Israel. Antes de llegar al trono fue pastor, guerrero y líder.
Enfrentó batallas, persecución, decisiones difíciles y después tuvo la enorme responsabilidad de gobernar a todo un pueblo.
Es decir, no estamos hablando de alguien sin experiencia o sin capacidad para dirigir. Y aun así, David no caminaba solo.
En 1 Crónicas 12 aparecen diferentes hombres que se unieron a él y, entre ellos, estaban los hijos de Isacar.
La Biblia dice:
“De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer.”1 Crónicas 12:32
No eran doscientas personas dando opiniones al azar. Eran doscientos líderes reconocidos por su entendimiento, su discernimiento y su capacidad para saber qué debía hacerse en el momento que estaban viviendo.
¿Leíste eso? Doscientos.
A veces nosotros dudamos hasta para pedir una mentoría con una sola persona. Nos recomiendan buscar ayuda profesional y pensamos: “¿para qué?, seguro no me va a servir”.
Nos cuesta invertir en alguien que sabe más que nosotros, pedir una opinión o reconocer que necesitamos acompañamiento.
Y luego lees esto y piensas: ¡David tenía cerca a doscientos hombres entendidos en los tiempos y que sabían qué hacer!
Wow.
No porque David fuera incapaz, sino precisamente porque tenía una responsabilidad demasiado grande como para pretender saberlo todo solo.
Y eso me confronta muchísimo, porque si un rey con experiencia, autoridad y liderazgo entendía el valor de rodearse de personas con discernimiento, ¿por qué nosotros pensamos que pedir ayuda nos hace menos capaces?
A veces nos parece exagerado pagar una consultoría, buscar un mentor, tomar terapia, contratar a un especialista o sentarnos con alguien que ya recorrió el camino.
Pero quizá lo verdaderamente absurdo es seguir meses —o años— frente a la misma pared solamente porque nos cuesta decir: “necesito que alguien me ayude a ver lo que yo no estoy viendo.”
No cualquier consejero
Ahora bien, recibir consejo no significa escuchar a cualquiera.
Los hombres de Isacar eran reconocidos por su entendimiento. Y es por eso que, si vas a contratar una consultoría, una mentoría, tomar una clase o permitir que alguien tenga influencia sobre decisiones importantes, vale la pena saber quién es esa persona.
¿Cuál es su trayectoria? ¿Qué experiencia tiene? ¿Qué frutos ha producido? ¿Realmente sabe hacer aquello que está enseñando?
Porque ser enseñable no significa ser ingenuo. Significa tener la humildad suficiente para reconocer: “esto no lo sé, pero puedo aprenderlo de alguien que ya recorrió ese camino.”
Dios no puso todos los talentos dentro de una sola persona
Y aquí hay algo que también necesitamos recordar: Dios es tan diverso que no puso todas las capacidades dentro de una sola persona.
A uno le dio facilidad para los números. A otro para comunicar. A otro para diseñar, vender, liderar, organizar, enseñar o desarrollar estrategias.
Nos necesitamos.
Dios no nos llamó a caminar como llaneros solitarios tratando de demostrar que podemos resolver absolutamente todo por nuestra cuenta.
Muchas veces el crecimiento de aquello que Dios puso en tus manos vendrá cuando tengas la humildad de recibir también lo que Él puso en las manos de otros.
Tu propósito no te obliga a saberlo todo
Puedes ser excelente en lo que haces y aun así darte cuenta de que hay áreas que no dominas.
Puedes ser un gran arquitecto y necesitar aprender finanzas, ser médico y necesitar desarrollar liderazgo, tener una empresa creciendo y descubrir que nunca aprendiste a documentar procesos o tener un excelente producto y no saber todavía cómo venderlo bien.
También puede pasar que llegue una oportunidad importante y entonces te des cuenta de que necesitas aprender a comunicar mejor lo que haces, dirigir mejor a tu equipo o administrar de otra manera lo que ya creció.
Eso no significa que no seas capaz. Significa que llegaste a un punto en el que tu siguiente etapa necesita conocimiento nuevo, y precisamente ahí es donde la humildad para aprender de otros puede marcar una diferencia enorme.
Yo soy arquitecta y diseñadora de interiores, y una de las cosas que tuve que aprender fue precisamente esa.
Sé diseñar espacios, desarrollar conceptos y dirigir proyectos, pero cuando mi empresa comenzó a crecer me di cuenta de que saber diseñar no significaba necesariamente saber administrar una empresa.
Necesitábamos fortalecer nuestras finanzas, así que busqué personas que supieran más que yo.
Después entendimos que hacíamos muchas cosas bien, pero gran parte de ese conocimiento estaba solamente en nuestras cabezas. Cada vez que llegaba alguien nuevo al equipo, teníamos que volver a explicar prácticamente todo.
Entonces comenzamos a documentar procesos. ¿Hicimos una parte nosotros? Claro. Pero también contratamos personas que se dedicaban precisamente a eso.
Y poco a poco fui entendiendo algo que hoy quiero compartirte:
No tienes que convertirte en experto en todo lo que tu propósito necesita, pero sí necesitas tener la humildad suficiente para aprender de quienes saben lo que tu todavía no.
Cómo poner tu empresa en mano de Dios sin dejar de prepararte

Si eres empresario, empresaria o emprendedor cristiano y quieres poner tu empresa en las manos de Dios, quizá también te has preguntado cuánto debes orar, cuánto debes prepararte y hasta dónde es correcto buscar mentorías, consultores o especialistas.
Si Dios puso una empresa, un proyecto o un emprendimiento en tus manos, nuestra responsabilidad no termina en decir: “Dios me dio esta visión.”
También tenemos que aprender a ministrar y administrarla bien.
Un negocio con propósito también necesita buena administración. Poner tu empresa en manos de Dios no significa dejar de estudiar, planear, capacitarte o buscar consejo; significa reconocerlo a Él como la fuente mientras administras con responsabilidad aquello que puso en tus manos.
Si necesitas finanzas, aprende finanzas. Si necesitas liderazgo, desarrolla liderazgo. Si necesitas aprender a vender, busca a alguien que sepa vender. Si necesitas mejorar tu imagen, tu comunicación, tus procesos, tu administración o tu manera de presentar tu servicio, prepárate.
Busca un mentor. Contrata asesoría. Toma una clase. Pregunta. Aprende una habilidad nueva.
Dios puede darte la visión y usar a otras personas para enseñarte cómo administrarla.
Una herramienta práctica para esta semana
Si hoy hay un área donde te sientes detenido, empieza por hacerte una pregunta:
¿Qué es exactamente lo que no sé?
No te quedes solamente en: “mi empresa no está creciendo”. Ve más profundo. ¿Es ventas? ¿Finanzas? ¿Liderazgo? ¿Procesos? ¿Contratación? ¿Comunicación? ¿Estrategia?
Después pregúntate:
¿Quién sabe hacer esto mejor que yo?
Busca a alguien con experiencia, trayectoria, conocimiento y buenos frutos.
Y finalmente:
¿Estoy dispuesto a escuchar, aprender y cambiar algo de lo que estoy haciendo?
Porque recibir consejo también requiere humildad.
Los buenos consejeros no sustituyen la voz de Dios
Y aquí está el equilibrio más importante.
Los consejeros pueden darte información, herramientas, experiencia y perspectiva, pero no sustituyen tu relación con Dios.
Yo misma, en una temporada donde estaba aprendiendo, preparándome y escuchando a personas valiosas, llegué a decirle a unos amigos: “Ahorita no estoy agarrando señal de Dios.”
Y esa frase me hizo detenerme, porque puedes prepararte mucho y al mismo tiempo descuidar tu condición espiritual. Y entonces también puedes perder claridad.
Por eso no se trata de escoger entre oración o preparación. No es Dios o los consejeros. No es Biblia o formación.
Necesitamos ambas cosas: rodillas dobladas delante de Dios y un corazón suficientemente humilde para aprender de otros.
La dirección principal sigue viniendo de Él, pero muchas de las herramientas que necesitaremos para caminar hacia esa dirección pueden estar depositadas en las personas que Dios puso a nuestro alrededor.
Ora, avanza y confía🤍
Como hijos de Dios, tenemos la certeza de que Él tiene planes de bienestar para nosotros. No siempre vamos a entender de inmediato cómo se abrirá el camino, pero podemos seguir caminando sabiendo que Dios puede guiarnos, enseñarnos y también acercarnos a las personas correctas en el momento correcto.
Oremos
Señor, gracias por aquello que has puesto en mis manos. Dame sabiduría para administrarlo bien y humildad para reconocer las áreas en las que todavía necesito aprender.
Ayúdame a identificar a las personas correctas, a recibir consejo con discernimiento y a no caer en la autosuficiencia.
Que nunca sustituya tu voz por la opinión de otros, pero tampoco desprecie la sabiduría, el conocimiento y los talentos que Tú has depositado en las personas que colocas a mi alrededor.
Enséñame a permanecer cerca de Ti mientras sigo creciendo, preparándome y desarrollando con excelencia el propósito que me has confiado.
En el nombre de Jesús, amén.
Si esta palabra fue de bendición para ti, compártela con alguien que también pueda necesitarla hoy.
Y si quieres seguir aprendiendo a vivir tu fe de una manera práctica en tu vida, tu hogar, tus relaciones, tu empresa y tu propósito, sígueme en mis redes sociales.
Soy Tania Herrera y por aquí comparto Fe para la Vida Real.




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