Fe para liderar en tiempos difíciles
- Tania Herrera Y Cairo
- 10 jul
- 3 Min. de lectura
Hay temporadas donde parece que todo se tambalea. Las ventas bajan, los pagos se acumulan, los clientes escasean… y el peso de sostener una empresa, un proyecto o una familia se vuelve abrumador.
Y no solo por lo económico. El desgaste emocional, la incertidumbre, la sensación de fracaso silencioso… también pesan.
Te preguntas en voz baja: ¿Esto va a mejorar? ¿Estoy perdiendo todo por lo que trabajé? ¿Tiene sentido seguir?
En medio de ese caos, hay una pregunta que puede redirigir tu camino: ¿Te está guiando la fe… o el miedo?

Fe y miedo: tan distintos… y tan parecidos
La fe y el miedo tienen algo en común: Ambos te hacen creer en algo que aún no ves. La diferencia está en la dirección.
La fe te impulsa, el miedo te paraliza. La fe te construye, el miedo te desgasta.
Por eso, la pregunta no es solo “¿qué está pasando allá afuera?”, sino: “¿en qué estoy creyendo aquí adentro?”
Dios no te dio dones solo para los días buenos
Tus habilidades, tu creatividad, tu liderazgo, tu capacidad… no fueron dados solo para las temporadas de éxito. También fueron sembrados en ti para que los uses en la dificultad.
El lugar donde trabajas, lideras o emprendes —sea una empresa, una tienda, un proyecto, una casa— no es solo un medio de ingreso: es un terreno donde Dios está formando algo en ti.
Es imposible no toparse con el techo
Sí. Va a llegar un punto donde choques con tus límites. Es imposible no toparse con el techo. Y cuando eso pasa, puedes frustrarte… o puedes hacerte más consciente.
Porque aceptar que eres vulnerable no te debilita, te fortalece. Te vuelve humano, te vuelve sabio, te abre a otras ideas, te conecta con el cielo.
Cuando todo se tambalea…
No siempre necesitas una solución nueva. A veces solo necesitas recordar:
¿Qué te hizo iniciar?
¿Qué promesa encendió tu fe al principio?
¿Qué visión te dio sentido, más allá de los resultados?
Volver al origen no es retroceder. Es reconectar. Ordena lo interno antes de reconstruir lo externo.

Dios también forma en silencio
Cuando parece que nada está cambiando… Dios sigue trabajando. Tal vez no lo ves, pero está fortaleciendo tus raíces. Formando carácter, templando tu espíritu, afinando tu oído.
No estás detenido: estás siendo preparado.
¿Cómo seguir sin rendirte?
Estas verdades pueden ayudarte a avanzar con dirección:
Reconoce: no estás solo ni sola. Estás siendo transformado.
Ora con autoridad, desde tu identidad, no desde la culpa.
Declara lo que Dios ya habló, aunque aún no lo veas.
Camina con fe, aunque el entorno parezca adverso.
Sé vulnerable, pero no sueltes tu propósito.
¿Y si ya no sabes qué más hacer?
Pregúntate: ¿Qué más puedo hacer? ¿En qué puedo mejorar?
No te encierres en el caos. Empieza a ver con otros ojos. Habla. Escucha. Ajusta.
Vuelve a empezar si es necesario, pero no te quedes estancado en la tristeza. Porque en tiempos de crisis también hay oportunidades. Y lo que hoy parece una pérdida, puede ser el umbral de un nuevo comienzo.
A quienes hoy están luchando
Al trabajador que regresa a casa sin saber cómo resolver el día: “Dios te ve. Esto no será eterno. No pierdas tu dignidad ni tu esperanza.”
A quien no logra cubrir sus gastos: “No estás fracasando. Estás atravesando un valle. Dios puede redirigir lo que hoy parece bloqueado.”
Al que está cerrando su negocio: “No es el final. Es una transición. Lo que sabes, lo que eres, sigue siendo valioso. Habrá otra puerta.”
Oración para quienes emprenden, lideran o trabajan con propósito:
Señor, reconozco que sin ti nada puedo hacer.
Te pido dirección, bendición y sabiduría para mi trabajo y negocio. Guíame, abre caminos, multiplica mi esfuerzo y protégeme del mal.
Enséñame a administrar con sabiduría, a ser justo con quienes colaboran conmigo y a liderar con integridad y amor.
Que mi prosperidad sirva para bendecir otras vidas, honrar tu nombre y extender tu reino. Soy una persona bendecida.
Que tu favor y fidelidad me acompañen cada día. Nada me faltará, porque tú eres mi proveedor y sustentador. Tu amor y tu bondad son inagotables.
Amén.
Tú no tienes que enfrentar esta temporada en tus fuerzas. Y esto… no es el final de tu historia.
Esto es Fe para la Vida Real.
No una fe idealizada, sino una fe que toca fondo, pregunta, llora… y vuelve a levantarse. Una fe que trabaja, que lidera, que transforma incluso en la escasez.




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