No te confíes. El momento más peligroso llega justo después de una victoria
- Tania Herrera Y Cairo
- 13 nov
- 5 Min. de lectura
Descubre por qué el momento más peligroso llega justo después de una victoria. Aprende con Gedeón cómo mantener tu fe y tu victoria espiritual.

Napoleón Bonaparte dijo una vez:
“El momento más peligroso llega justo después de una victoria.”
Y aunque hablaba de guerras y ejércitos, esa frase encierra una verdad que también aplica a nuestra vida espiritual.
Porque la vida espiritual es una batalla constante.
Y muchas veces, el enemigo no ataca durante la batalla, sino justo después de ganarla.
La victoria de Gedeón
"El momento más peligroso llega justo después de una victoria"
En el libro de los Jueces encontramos la historia de Gedeón, un hombre común que Dios levantó para liberar a Israel del dominio de los madianitas, un pueblo enemigo que constantemente saqueaba sus cosechas y los mantenía atemorizados.
Dios le pidió algo que parecía imposible: enfrentar a un ejército de más de cien mil hombres, contra ellos que eran solo trescientos.
Y aunque parecía una locura, Gedeón obedeció… y Dios peleó por ellos.
“Cuando Gedeón y sus trescientos hombres llegaron al borde del campamento enemigo, el Señor hizo que los hombres del campamento pelearan entre sí con sus espadas.” (Jueces 7:21 NTV)
Es decir, Dios confundió al enemigo.
Se entorpecieron, se atacaron entre ellos… y fue una victoria rotunda.
Una historia digna de celebración, de gozo y de descanso después de tanto sufrimiento.
La Biblia dice que el pueblo llevaba años oprimido por los madianitas, que les robaban el alimento y los dejaban sin qué comer.
Pero una victoria no significa que la guerra terminó.
Porque justo cuando parecía que todo estaba bien… el enemigo cambió de estrategia.
La clave: estar en guardia
La Biblia lo dice claramente:
“Gedeón atacó el campamento de los madianitas, y los venció porque no estaban en guardia.” (Jueces 8:11 NTV)
¿Leíste eso? Los venció porque no estaban en guardia.
No fue la fuerza, ni la espada, ni el número. Fue el descuido del ejército.
Bajaron la guardia, y eso los destruyó.
Así también sucede con nosotros.
Oramos, ayunamos, creemos, y cuando por fin Dios contesta y nos respalda… nos relajamos.
Ahí anda uno distraído, disfrutando la alegría de lo que Dios hizo, y mientras estás feliz celebrando, el enemigo ya se infiltró.
Nos enfocamos tanto en la alegría de la respuesta, que bajamos la guardia espiritual.
Y es ahí, justo ahí, donde suelen venir los golpes más fuertes.
Cuando el ejército de Gedeón venció a los madianitas, fue porque ellos no estaban en guardia.
No bajes la guardia.

La estrategia: fortifica tu campamento
Entonces, ¿Cómo puedo celebrar y al mismo tiempo estar en guardia?
¿Acaso debo reprimir mi emoción y el gozo que siento porque Dios contestó mis oraciones?
Claro que no.
Y eso es exactamente lo que Dios nos enseña hoy:
Después de cada victoria, no te relajes: fortifica tu campamento.
Fortificar tu campamento significa cuidar lo que Dios te entregó:
Reafirma tu oración.
Cierra las puertas espirituales.
Sé agradecido, pero no descuidado.
Porque el enemigo espera el momento exacto en que tú bajes la guardia.
Él no se cansa, no se rinde y no duerme.
“Estén siempre alerta. Su enemigo, el diablo, anda como un león rugiente buscando a quién devorar.” (1 Pedro 5:8 TLA)
El peligro de confiarte demasiado
En casa tengo futbolistas de corazón, y hay una frase que escucho seguido:
“Se confiaron.”
Van ganando, se relajan, y el otro equipo contraataca y les da la vuelta.
¿Por qué? Porque pensaron que el partido ya estaba ganado.
Así también pasa en la vida.
Dios te da la victoria —en tu matrimonio, tu salud, tus finanzas o tu fe—,y de pronto, bajas el ritmo, dejas de orar con la misma pasión, te confías.
Ahí es donde el enemigo aprovecha para atacar.
No se trata de vivir con miedo, sino de vivir en vigilancia y gratitud.
De celebrar con gozo, pero con los ojos abiertos.
No te confíes.
No te duermas en los laureles
En la antigua Roma, los generales victoriosos eran coronados con hojas de laurel como símbolo de triunfo.
De ahí viene la frase:
“No te duermas en los laureles.”
Y aunque no está en la Biblia, refleja una verdad espiritual profunda:
No te quedes dormido en tu última victoria.
Celebra, pero mantente alerta, orando y vigilante.
Mientras el ejército celebraba, también construía murallas; no se dormían.
Habían aprendido que cuando uno festejaba, el enemigo aprovechaba esa euforia para atacar más fuerte.
Porque si algo molesta al enemigo, es verte triunfando con fe, obediencia y propósito.
Mantente firme y agradecido
El error del pueblo de Israel después de la victoria sobre los madianitas fue adorar un efod de oro, una prenda sagrada que Gedeón mandó hacer para recordar la victoria.
Pero con el tiempo, ese símbolo se convirtió en un ídolo.
Dios les dio la victoria, y en lugar de seguir adorándolo a Él, terminaron adorando el símbolo de su victoria.
Eso también puede pasarnos hoy.
Podemos orar por nuestro matrimonio, Dios lo restauró, y luego ponemos al matrimonio en el lugar que es de Dios.
Oramos por nuestros hijos, Dios nos los da, y luego ellos se vuelven la excusa para no acercarnos a Él.
Oramos por nuestras finanzas, y cuando llegan las bendiciones, el trabajo o la oportunidad nos separan de Dios.
Eso se llama prostitución espiritual. Mira lo que dice la Palabra:
“Y todo Israel se prostituyó adorándolo allí, y aquello fue un gran pecado para Gedeón y su familia.” (Jueces 8:27 NTV)
Se escucha fuerte, ¿verdad? Pero así es. Después de orar tanto y ver la respuesta, a veces olvidamos quién la dio.
Empezamos a creer que fue por nuestra inteligencia, por nuestras decisiones o por nuestras fuerzas.
Y sin darnos cuenta, el corazón se desvía… y se enfoca más en la victoria que en Dios.
Así como le pasó a Gedeón y a su familia: triunfaron, se emocionaron y adoraron a otros dioses.
Y justo ahí, en esa distracción, se abre la puerta.
Al enemigo le encanta verte festejando sin vigilancia, que te confíes y pongas a todos —menos a Dios— como el centro.
Por eso la Palabra nos recuerda:
“No te creas sabio; obedece y reconoce al Señor en todo lo que hagas, y Él te mostrará el camino correcto.” (Proverbios 3:6-7 TLA)

Mensaje final de aliento
Dios nunca ha perdido una sola batalla, y la tuya no será la primera.
Pero para sostener lo que Él te dio,
te necesita enfocado, firme y alerta.
No te duermas en los laureles.
No te confíes.
En Cristo somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.
Pelea la buena batalla de la fe.
“No se duerman; oren para que puedan resistir la prueba.”(Mateo 26:41 TLA)
Dios te dará la victoria, porque Él no ha perdido ninguna.
Solo asegúrate de no perder tú la vigilancia.
¿Oramos juntos?
Señor, gracias por cada victoria que me has dado. Ayúdame a no confiar en mis fuerzas, sino en tu poder. A darte tu lugar en cada victoria.
Enséñame a disfrutar tus respuestas sin perder la vigilancia.
A celebrar con gozo, pero con discernimiento. A mantener mi espíritu firme, vigilante y agradecido.
Fortifica mi campamento, Señor, y no permitas que el enemigo robe lo que tú me has entregado.
En el nombre de Jesús, Amén.
Gracias por acompañarme hasta el final
Si quieres seguir fortaleciendo tu fe y también tu hogar, te invito a leer el blog anterior:“¿Por qué mi hijo tiene miedo de dormir solo?”
Allí comparto cómo acompañar a tus hijos en sus temores con amor, paciencia y fe — y cómo Dios puede traer paz aún en las noches más difíciles.
Con cariño,
Tania | Fe para la vida real




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