La Amargura: Cómo Sanarla y Guardar tu Corazón
- Tania Herrera Y Cairo
- hace 3 días
- 5 Min. de lectura
Descubre cómo sanar la amargura desde la raíz según la Biblia.
Devocional cristiano para restaurar el corazón, recuperar la paz y transformar tu vida.

La Amargura: Cómo Sanarla y Guardar tu Corazón
¿Alguna vez has estado con una persona amargada?
Si, esos que en un segundo te roba la paz.
No las volteas a ver cuando ya te están drenando energía.
Y lo desgastante es cuando esa persona vive con nosotros… o peor aún cuando somos nosotros y ni cuenta nos damos.
Pero antes de seguir, entendamos esto:
La amargura es un estado del corazón que nace cuando no sanamos la desilusión, las heridas, el rechazo, la traición o el abandono.
Es un veneno lento.
¿Alguna vez has escuchado la frase “se metió como la humedad”?
Y así es la amargura, sin darte cuenta se mete, es una humedad emocional.
Y aunque todos podemos sentir frustración o tristeza, la amargura solo entra si tú se lo permites.
Déjame decirte algo: Nadie puede amargarte la vida… si primero no le das acceso a tu corazón.
Ahora sí, algo importante, fíjate que desde el principio Dios diseño al hombre y a la mujer de forma diferente.
No mejores, no peores: diferentes.
¿Te has fijado que en el libro de: Génesis; quien conversa con la serpiente es Eva?
Ella analiza, siente, pregunta, conversa… mientras Adán pues no sabemos bien qué andaba haciendo en el huerto.
Eso no es crítica: es parte del diseño divino.
La mujer suele tener una sensibilidad más activa, y esa misma sensibilidad —cuando no se cuida— puede ser la puerta donde la amargura quiere entrar.
Y si eres un lector hombre, antes que me digas: “si pues con razón las mujeres son más amargadas” déjame decirte una cosa clara:
La amargura no tiene sexo, le llega a todo aquel que no sanó lo que vivió.
Jesús lo explicó así:
“De la abundancia del corazón habla la boca.” — Mateo 12:34
Lo que cargas dentro seas hombre o mujer… siempre se nota afuera.
Entonces pregúntate:
¿Qué abunda hoy en mi corazón?
¿Me desilusioné?
¿Me siento frustrado o frustrada?
¿Tengo envidia por una persona?
¿Me siento amargado o feliz?
¿Estoy estresado por una situación o estoy en paz?
Porque de todo lo que abunda ahí adentro… se refleja en tu exterior como un espejo.
La raíz de la amargura
La Biblia es muy directa con este tema:
“Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y contamine a muchos.” — Hebreos 12:15 (NVI)
Este verso revela tres cosas:
La amargura te impide alcanzar la gracia de Dios.
La gracia es el amor de Dios
actuando a tu favor, incluso cuando no lo mereces.
Y la gracia está, Dios está… pero la amargura bloquea su gracia, y endurece tu corazón.
La amargura causa dificultades.
Problemas que no tendrías si tu corazón estuviera libre.
Dificultades en relaciones, decisiones, carácter y paz.
La amargura contamina a muchos.
No se queda en quien la vive.
Se esparce, afecta a hijos, familia, matrimonio, amistades… y hasta ambientes y equipos de trabajo.
Por eso, Pablo les advierte a la iglesia de los Hebreos, algo muy serio: no permitan que nada los aleje de la gracia de Dios ni que una raíz de amargura crezca en su interior, porque cuando eso sucede, termina causando problemas y afectando a quienes los rodean.
Y comienza así: como una raíz, silenciosa y escondida.
Cuando queremos establecer a Dios en el corazón, lo primero que nos sugieren es que confesemos nuestros pecados y si confesamos los pecados mas visibles…pero olvidamos confesar:
La amargura,
El rechazo,
La frustración,
La baja autoestima,
El resentimiento,
Los duelos no resueltos.
Queremos arreglar lo de afuera…pero sin tratar la raíz que contamina todo.
Y esto es lo más importante.

Cómo la amargura afecta lo que más amas
La amargura puede afectar lo más preciado que tienes: las personas a tu alrededor.
Así la amargura se mete como la humedad, imperceptible, entra calladita… y cuando menos notas, ya afectó paredes, muebles, ropa… y en este caso: corazones, relaciones y vínculos.
Afecta:
Tu carácter,
Tu forma de hablar,
Tu liderazgo,
Tu matrimonio,
Tus hijos,
Tu ambiente emocional,
Tus decisiones.
Como empresaria lo he vivido: si el corazón está contaminado, las palabras y actitudes también lo estarán.
Como esposa lo he entendido: si no cuido mi corazón, puedo herir a quienes más amo.
Por eso la Biblia dice:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” — Proverbios 4:23
La amargura no se queda adentro… se filtra, se riega, se mete y lastima más de lo que imaginas.
Naciste para impactar… positivamente
Aquí quiero que lo recibas con calma:
Mientras no camines en el propósito para el cual fuiste enviado en esta tierra
Vas a vivir reaccionando en vez de viviendo.
Dios te eligió con intención y propósito.
No fuiste un accidente.
Ni tus padres lo fueron.
Dios te eligió con propósito.
Y estás aquí para:
Cortar lo que te dañó,
Sanar lo que te hirió,
Romper lo que te detuvo,
Establecer bendición,
Impactar tu casa, tu familia, tu entorno.
Escucha esto:
“No naciste para ser impactado…
Naciste para impactar de forma positiva.”
Y si hoy dices:
“Todo me pasa a mí” o “En mi vida no pasa nada bueno”, déjame decirte algo con amor: esta es tu señal de que tu historia sí puede cambiar.
Sí, sí puede cambiar.
Dios transforma tu mentalidad por una mentalidad del Reino, una mentalidad donde no hay excusas, donde no hay amargura, sino oportunidades.
Porque tienes un Dios de oportunidades.
Cuando aceptas a Cristo, Dios te entrega un documento en blanco: una hoja nueva, una vida nueva, un comienzo fresco.
Él no te recuerda tu pasado.
Él te invita a escribir un futuro diferente.

Dios puede cambiarlo todo — del dolor a la bendición
¿Alguna vez has recibido verdaderamente a Jesús en tu corazón?
Cuando lo haces:
La amargura pierde autoridad,
El corazón se limpia,
La historia cambia,
Y comienza la restauración.
La amargura no es un sentimiento… es una señal.
Una alarma del cielo que nos recuerda que hay algo en nuestro interior que necesita ser llevado a los pies de Jesús.
Y lo más hermoso es esto: no necesitas entenderlo todo para ser sanado… solo necesitas abrir el corazón.
Cada vez que permites que Dios toque lo que te dolió, Él transforma tu historia; lo que parecía pérdida, Él lo vuelve propósito; lo que parecía final, Él lo convierte en un nuevo comienzo.
No te acostumbres a vivir con el corazón pesado.
No normalices lo que Dios quiere sanar.
Hoy es un buen día para soltar la amargura y abrazar la libertad.
Te invito a hacer la siguiente oración junto conmigo:
Señor Jesús, ya no quiero vivir con amargura.
Limpia mi corazón.
Muéstrame mis errores.
Ayúdame a corregirlos.
Haz nueva mi historia.
Te recibo como mi Señor.
Quita de mi toda raíz de amargura que me daña
y que daña a los que están cerca de mí.
Revélame en sueños, en visión,
en oración la raíz por donde entró la herida que debo de sanar.
Quiero ser libre de esos sentimientos que no me dejan sentirme pleno
Quiero caminar en el propósito que tienes en mi vida
En el nombre de Jesús, Amén.
Dios te ama.
Su amor es real, profundo e incondicional.
Él transforma lo que parecía perdido… en bendición.
Para terminar…
Te pido que compartas este devocional con alguien que lo necesite hoy.
Puede ser la palabra que sane un corazón.
Si esta palabra habló a tu vida, te invito a continuar tu tiempo con Dios leyendo el devocional anterior: El encuentro que lo cambia todo. ¿Cómo tener un encuentro con Dios?
Con cariño,
Tania 💛




Todos vivimos una época de la que se habla pero en realidad si le entregas a Cristo todo eso que tú estás consciente de que estás pasando esa situación él nos dará salud espiritual emocional y física qué bonito es haber leído este mensaje tan profundo. Gracias porque este mensaje llegó a mi alma en el nombre de Jesucristo amén
Me encanto hermosa niña, me cayo como anillo al dedo Fios te Bendiga siemore chiquilla Te quiero