¿Por qué mi hijo tiene miedo de dormir solo?
- Tania Herrera Y Cairo
- 6 nov
- 6 Min. de lectura
Si tu hijo tiene miedo de dormir solo o despierta angustiado, este devocional te ayudará a entender qué hay detrás del miedo: cuándo es emocional y cuándo tiene una raíz espiritual. Aprende a traer paz a tu hogar y a tus hijos a través del amor y la guía de Dios.

Proverbios 3:24 “Cuando te acuestes, no tendrás temor; sí, te acostarás, y tu sueño será grato.”
Hay noches en que todo parece normal: la casa está en silencio, los niños ya se bañaron, todo está en orden… hasta que escuchas una vocecita desde la recámara:
—Mamá, tengo miedo.
Y ahí, sin pensarlo, respondemos casi por reflejo:
—No pasa nada, duérmete.
Pero sí pasa.
Pasa que nuestro hijo está sintiendo algo que nosotros ya dejamos de sentir hace mucho tiempo.
Pasa que en su corazón hay algo que lo inquieta, y que nosotros, por cansancio o costumbre, ya no alcanzamos a percibir.
Y sin querer, esa frase —“no pasa nada”— se convierte en un muro entre su alma y la nuestra.
Porque no lo estamos ayudando a enfrentar el miedo, solo lo estamos enseñando a callarlo.
A veces queremos que ellos “sean valientes”, que aprendan a “no tener miedo”, pero olvidamos que el valor no viene de enfrentar el miedo solos, sino de depender de Dios como fuente de paz.
Este devocional es para ti, papá o mamá, que amas a tus hijos, pero que tal vez también estás aprendiendo a entregar tus propios miedos al Señor.
¿Por qué mi hijo tiene miedo de dormir solo?
Cuando el niño tiene miedo…

“¡No pasa nada, duérmete!”, decimos mientras el niño está temblando.
“¡No seas miedoso!”, repetimos con voz firme, creyendo que así aprenderá a ser valiente.
Pero en el fondo, si somos honestos, no lo estamos ayudando a vencer su miedo, solo lo estamos enseñando a ocultarlo.
Y muchas veces lo decimos porque nosotros mismos no sabemos cómo manejar el miedo —ni el propio, ni el de ellos—.
Hay padres que reprenden el miedo en sus hijos, pero viven dominados por los suyos: el miedo al fracaso, a quedarse solos, a la escasez, al rechazo.
Entonces… ¿Cómo enseñarles a vencer lo que nosotros no enfrentamos?
La Biblia dice que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).
Si tu corazón tiene miedo, frustración o descontrol, eso mismo termina hablándole a tu hijo, aun sin palabras.
Entendiendo el miedo: no todo miedo es igual
¿Por qué mi hijo tiene miedo de dormir solo?
El miedo no siempre es malo.
Dios lo puso en nosotros como una alarma natural para protegernos del peligro.
Ese es el miedo protector, el que enseña límites y despierta prudencia.
Pero hay otro tipo de miedo que no viene de Dios:
El que paraliza, oprime, roba la paz y no tiene causa aparente.
Ese no es una emoción, es una influencia espiritual.
2 Timoteo 1:7 “Porque no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
Cuando ese miedo se instala, puede venir por puertas abiertas:
Programas o juegos que provocan oscuridad o terror,
Palabras que sembraron inseguridad,
Ambientes donde falta oración o hay contienda,
O incluso heridas emocionales heredadas sin darnos cuenta.
Por eso no se trata de decir “no pasa nada”, sino de preguntar:
“¿Qué está pasando en su corazón?”
“¿Qué puerta podría estar abierta en nuestra casa o en mi vida?”
Legalidad espiritual
Hay miedos que no nacen en esta generación, sino que se heredan.
Así como los rasgos físicos o los bienes materiales, también las cargas emocionales y espirituales pueden transmitirse.
A esto se le llama “derecho legal” o “legalidad espiritual”: cuando el enemigo obtiene acceso a través de acciones o patrones contrarios a la ley de Dios.
Éxodo 20:5 “Visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación.”
Esto no significa castigo, sino consecuencia espiritual.
Así como infringir una ley de tránsito tiene multa, las acciones contrarias a la Palabra abren puertas que afectan generaciones.
Pero la buena noticia es que Jesús ya pagó el precio para cerrar toda puerta.
Su sangre rompe maldiciones, cancela derechos y libera generaciones enteras del miedo.
Lo que entró por herencia, sale por redención.
Jesús valoraba la sensibilidad espiritual de los niños
Jesús dijo:
“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos.” — Mateo 19:14
Los niños tienen un corazón puro y sensible.
Lo que nosotros justificamos como “normal”, ellos disciernen que no está bien.
Por eso, cuando tu hijo te dice “tengo miedo”, no está inventando:
está percibiendo algo que tú ya dejaste de notar.
Qué podemos hacer como padres
No niegues lo que siente.
Escúchalo, abrázalo, valídalo.
Decir “no pasa nada” es cerrar una puerta que Dios podría estar usando para hablarte.
Ora con él.
Enséñale a invocar el nombre de Jesús cuando sienta miedo.
Revisa el ambiente espiritual.
Si algo roba la paz, elimínalo.
Muchos padres recurren a sobadoras o curanderas “para que se les quite el miedo”,
pero eso no lo dice Dios en ningún lugar.
Buscamos soluciones rápidas a lo que no queremos enfrentar con Él.
Lo espiritual se vence con autoridad y obediencia, no con remedios humanos.
Haz del descanso un altar.
Ora sobre su cama, pon alabanzas, lee el Salmo 91.
Da ejemplo.
Si tú enfrentas tus miedos con fe, tus hijos aprenderán a hacerlo también.

El verdadero cambio: volver a Dios
Si de verdad quieres ver un cambio en tus hijos y en tu generación, no va a bastar con leer la Biblia de vez en cuando o abrir el Salmo 91 como amuleto.
Eso no va a cambiar las cosas si no estás dispuesto a aprender a hacer cosas nuevas en Dios.
Tampoco ir a misa todos los domingos o aparentar ser muy de Dios cambiará la raíz del problema.
Las cosas comenzarán a cambiar cuando tú hagas un verdadero cambio, cuando reconozcas que necesitas una relación viva con Él, no una rutina religiosa ni un cambio de dos o tres días.
Esto no se trata de emoción, sino de rendición.
De decirle a Dios: “Te necesito. Quiero conocerte de verdad.”
Porque el verdadero cambio no empieza en lo que haces, sino en quién eres cuando te rindes a Él.
Empieza a buscarlo, a leer Su Palabra no como un hábito vacío, sino como un encuentro diario con el Dios que puede restaurar tu hogar desde adentro.
Ahí dentro hay armas espirituales poderosas para vencer cualquier situación en tu vida y en tu familia.
Y sobre todo, honra y obedece a Dios.
La obediencia es la llave que abre lo que el miedo cerró.
Tal vez digas: “Eso me da flojera… no estoy listo", y está bien, Dios te dio libertad para decidir.
Pero las consecuencias no desaparecen solo porque elijas ignorarlas. Aun así, Él te espera, con amor y paciencia,
Reflexión final
“Hijo mío, preserva la ley y el consejo; nunca pierdas esto de vista. Así podrás andar confiado en tu camino, y nunca tus pies tropezarán. No tendrás temor cuando te acuestes; te acostarás y tendrás gratos sueños.”— Proverbios 3:21-24
Dios no te pide perfección
Te pide rendición.
Él quiere que tu hogar sea un refugio donde tus hijos aprendan a confiar.
Porque lo que entró por herencia puede salir por redención, y lo que empezó con miedo puede terminar con paz.
¿Oramos juntos?
Señor
Te entrego los miedos de mis hijos y los míos
Rompe toda legalidad espiritual que haya abierto puertas al temor
Enséñame a depender de Ti, a rendirme
Y a enseñar a mis hijos que la verdadera paz viene de Ti
Que Tu presencia habite en nuestra casa
Y cada noche recordemos que Tú cuidas nuestro descanso.
En el nombre de Jesús
Amén.
Gracias por llegar hasta aquí.
Oro para que este mensaje haya traído luz y esperanza a tu corazón, y que puedas ver cómo Dios puede transformar incluso los temores más profundos en paz verdadera.
Recuerda: el Señor cuida de ti y de tu familia, aun en las noches más oscuras.
Si deseas seguir profundizando en cómo vivir guiado por Su voluntad, te invito a leer también: Una vida conforme al corazón de Dios.
Con cariño, Tania 💛




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