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¿Cómo encontrar equilibrio cuando todo te exige más?

  • Foto del escritor: Tania Herrera Y Cairo
    Tania Herrera Y Cairo
  • 6 ago
  • 5 Min. de lectura
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Nos han hecho creer que una mujer de fe, exitosa y madura debe mantener todo en equilibrio:


  •  El trabajo

  • La familia

  • El servicio

  • El matrimonio

  • La salud

  • Su propósito espiritual


Pero… ¿y si ese ideal de equilibrio es una carga más que una meta real?


 Cuando todo exige más de ti


La vida no siempre se reparte de forma justa o equilibrada.

  • Hay temporadas donde tus hijos te necesitan más.

  • Otras donde tu negocio requiere toda tu energía.

  • Y otras donde tu matrimonio atraviesa un valle emocional.


Y eso no significa que estás fallando. Significa que estás viva, en una temporada específica, y que Dios sigue contigo en medio de ella.


Cuando me perdí en el intento de “equilibrarlo todo”


Hubo una etapa de mi vida en la que sentía que todo dependía de mí

Quería hacerlo bien en cada área:

Ser una mamá presente 

Ser eficiente en mi negocio 

Seguir ayudando en la iglesia 

Ser una buena esposa, atenta y disponible 

Y no desconectarme de Dios


Pero poco a poco, la presión me fue drenando. Estaba tan enfocada en cumplir con todo, que me fui olvidando de mí. Y sin darme cuenta, también comencé a apagar lo que Dios me había pedido hacer


Pero poco a poco, la presión fue acumulándose. Y aunque por fuera parecía que todo iba bien… por dentro me estaba apagando.


Hasta que un día, frente a un berrinche de uno de mis hijos, algo dentro de mí colapsó. Sentí una furia inexplicable subir desde lo más profundo. Y ahí, en ese momento de descontrol, me quebré.


Me senté en el suelo, llorando en silencio, preguntándome: ¿Qué me está pasando? ¿Por qué me siento así si estoy “haciendo todo bien”? Ese día entendí que no se trataba de un berrinche. Era una alarma de mi alma.


En esa pausa, mientras oraba y respiraba profundo, sentí a Dios en mi interior que me dijo: “Estás haciendo muchas cosas, pero no estás haciendo lo que verdaderamente te pedí.”


Me di cuenta de que estaba tan ocupada cumpliendo expectativas, que había dejado de lado lo más importante: Vivir con propósito, con dirección… y desde el corazón.


El equilibrio no se trata de hacer más…

Sino de volver al centro.


Y cuando hablo de “el centro”, me refiero a ese lugar interno donde todo cobra sentido. Para mí, ese centro es Dios.


No me refiero a una religión ni a seguir un conjunto de reglas. Me refiero a una relación real, personal y sincera con Aquel que nos creó.


Una conversación de corazón a corazón, aunque no tengas todas las palabras.

Es simplemente abrirte, tal como estás, y decir: "Estoy cansada, no sé cómo hacerlo, pero necesito ayuda."


Volver al centro es volver a escuchar su voz suave dentro de ti, esa que te recuerda quién eres, y que no tienes que demostrar nada para ser amada.



¿Y cómo conectar con Dios si nunca lo he hecho?


No necesitas saber orar ni tener todo resuelto. Solo haz una pausa, respira profundo, y sé honesta. Dile cómo te sientes. Es suficiente para empezar. Esa sinceridad es el primer paso hacia el equilibrio… y hacia tu propósito.


La verdadera estabilidad llega cuando paramos el ruido, y nos damos un momento para reconectar con lo que realmente importa.


Dios no solo quiere ayudarte a ordenar tu vida, quiere caminar contigo en cada paso.

Él te mostrará con amor lo que necesitas soltar, y te revelará lo que sí vale la pena sostener.


¿Cómo empezar a vivir con equilibrio y propósito?


Aquí te dejo algunas verdades clave:


1. El equilibrio perfecto no existe. Pero sí puedes tener prioridades claras, según la temporada que estás viviendo.


2. No todo lo urgente es lo más importante. Hay momentos en que necesitas bajar el ritmo, aunque otros no lo entiendan.


3. Vivir con propósito es vivir con enfoque. No se trata de hacer más, sino de hacer lo que fuiste llamada a hacer.


4. Atenderte también es una forma de obedecer.  “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)  No puedes dar lo mejor si estás emocional, espiritual o físicamente vacía. Amarte, conocerte es tu prioridad.


¿Y si no conozco mi propósito?


No te preocupes. Todos fuimos creados con uno. Y aunque hoy no lo tengas claro, eso no significa que no exista.


En blogs anteriores hablamos sobre esto: 


- Cómo los dones que tienes (eso que se te da de forma natural) son pistas del propósito que Dios sembró en ti desde el principio. 

-Hablamos de cómo ese propósito no se trata de hacer mucho, sino de vivir alineada con lo que Dios pensó para ti desde antes que nacieras. 

- Y vimos que cuando desempolvas esos dones, tu alma vuelve a encenderse.


Así que si hoy no sabes cuál es tu propósito,  no te castigues. Pero tampoco te quedes donde estás. Empieza por reconocer lo que sí sabes:


  • Lo que amas hacer

  • Lo que te duele ver en el mundo

  • Lo que otros notan en ti como una fortaleza

  • Y lo que Dios ya ha usado en ti, aunque tú no lo hayas notado aún


Ahí, en esas señales, comienza el camino.


 Te invito a leer los devocionales anteriores si quieres profundizar. Pero si no puedes ahora, llévate esto de aquí: Tienes un propósito. Dios lo sembró en ti desde el principio. Y lo único que necesitas para empezar a caminar hacia él es volver al centro… volver a Él.


Hoy te animo con todo mi corazón:


No te abandones por querer agradar a todos. No te pierdas intentando hacerlo todo. 


Haz una pausa. 

Respira. 

Reconecta.


Dios no espera que seas perfecta, solo que te acerques.

Con tus preguntas. Con tu caos. Con tus ganas de comenzar otra vez.


Acción del día


Haz una pausa hoy. Tómate 10 minutos contigo misma. Respira. Toma una hoja en blanco y escribe con honestidad:

  • ¿Qué estoy haciendo solo por presión?

  • ¿Qué cosas me están drenando sin sentido?

  • ¿Qué decisiones necesito replantear para vivir con dirección?

Después, si quieres, haz una pequeña oración. No necesitas palabras perfectas. Solo sinceridad.


Oración para volver al propósito


Dios,  estoy cansada de correr sin sentido. 

He querido hacerlo todo bien, pero me estoy perdiendo a mí misma en el camino.

Ayúdame a reconocer lo que realmente importa. 

A poner orden en mis prioridades.

 Y sobre todo, a escuchar tu voz en medio del ruido.

Enséñame a vivir con propósito, a soltar la culpa y a caminar contigo.

No quiero seguir actuando por presión, sino vivir alineada con lo que sembraste dentro de mí.

Hoy vuelvo al centro. Vuelvo a Ti.

En el nombre de Jesús, amén.


Recuerda esto:


Tu propósito es más importante que tu agenda. Y Dios no espera que lo hagas todo… solo que camines con Él, un paso a la vez.


Con cariño, Tania Herrera 

Fe para la Vida Real


 
 
 

1 comentario


Edda Lorena Zamora Sánchez
Edda Lorena Zamora Sánchez
13 ago

Amén 🙏

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