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Cómo recuperar la conexión emocional y fortalecer tu matrimonio

  • Foto del escritor: Tania Herrera Y Cairo
    Tania Herrera Y Cairo
  • 13 ago
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 18 ago

Descubre cómo comunicar lo que sientes, reconectar con tu esposo y buscar a Dios primero antes de cualquier conversación.

 

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Recuerdo una tarde… la casa estaba en silencio, pero dentro de mí había ruido. Mi esposo estaba ahí, a pocos metros, y aun así lo sentía lejos. No porque él no me amara, sino porque había entre nosotros una desconexión sutil, como esa sensación interna de: “mm… algo no me cuadra”. Ese cansancio silencioso que no se dice en voz alta, pero que ahí esta.


En ese momento no comprendía lo que pasaba… todo lo que él también cargaba. Y es que, como seres humanos, tendemos a enfocarnos solo en lo que nosotros sentimos, sin detenernos a ver desde la perspectiva del otro.


Es como si lleváramos puestos unos lentes que solo muestran nuestra propia necesidad, olvidando que la otra persona también vive sus propias batallas.


 Con el tiempo descubrí algo que, aunque era obvio, yo no veía. Mi esposo no solo es esposo o padre. También es hijo, amigo, proveedor, líder… y un hombre que cada día sale a librar batallas invisibles para cumplir con lo que considera su responsabilidad. Suena lógico, ¿verdad? Y, sin embargo, cuántas veces lo olvidamos.


Nos acostumbramos tanto a su presencia y a lo que hace, que dejamos de ver con asombro y gratitud el esfuerzo que hay detrás. Y sí… eso exige tiempo, claridad mental, esfuerzo y, sobre todo, amor.


Como dice un pasaje muy conocido:

"El amor es paciente, es bondadoso… no exige lo suyo." — 1 Corintios 13:4-5

 

Valorar su propósito también es amarlo


A nosotras como esposas nos conviene tener a un hombre que se sienta realizado, seguro y valorado.

Es preferible un esposo ocupado por un propósito que un hombre frustrado por no alcanzarlo.

Cuando ellos se desarrollan y se sienten útiles en lo que hacen, también crecen como hombres, como padres y como esposos.


Hay un versículo que me ayudó a entender esto:

"Por eso, anímense y fortalézcanse unos a otros, tal como ya lo están haciendo." — 1 Tesalonicenses 5:11 (DHH)

 

Claro que los extremos no son sanos —cuando un hombre se enfoca solo en su carrera y olvida su hogar— ahí también se cae en el egoísmo.

Es el mismo patrón que vimos al inicio: pensar solo en uno mismo y olvidar lo que el otro necesita. Pero de eso vamos a hablar después…

A veces olvidamos que su trabajo, sus retos y sus sueños forman parte de quiénes son. Y cuando nosotras los reconocemos y los celebramos, estamos alimentando también la conexión en el matrimonio.

 

Cuando decidí hablar…


Recuerdo que un día me atreví a hablar de esa desconexión. Le dije a mi esposo que no me sentía tan amada como antes. Decirlo me costó muchísimo… ¿Cómo iba yo a sentirme “no amada” si él estaba presente, era buen padre, buen esposo y cubría todas nuestras necesidades? Por eso lo callé mucho tiempo.


Pero, como una piedrita en el zapato, esa sensación no se iba; no parecía grave, pero me incomodaba a cada paso. ¿Por qué te vas a callar algo que sientes? Claro que yo no quería hablar y provocar un problema o una discusión, pero sí necesitaba encontrar la forma de decirlo para que él pudiera entender por qué me sentía así.


A veces, en el matrimonio, nos vamos guardando esos “detallitos” que nos molestan. Son cosas pequeñas que dejamos pasar… hasta que, sin darnos cuenta, se van acumulando y se convierten en esa piedrita de la que te hablé antes.


Preferimos callarnos para “no hacer pancho”, como decimos aquí en mi tierra, pero ¿sabes qué? Esos pequeños detalles son precisamente los que debemos comunicar. Ahí está la gran clave de este devocional: hablar con amor antes de que lo pequeño se vuelva grande. 


Pero para poderlo hablar, necesitas empoderarte… No de ese “empoderamiento” que ves en redes sociales y que está de moda, sino de un empoderamiento real: el que viene del poder de Dios.


Mira este verso:

"Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio." — 2 Timoteo 1:7

 

Ese hombre amoroso y caballeroso que te conquistó… puede que haya dejado de demostrarlo.

El que antes te decía piropos, tal vez ya no los dice. Cada matrimonio tiene sus propios ejemplos, y tú conoces los tuyos mejor que nadie.


Ahí entendí que ya tenía lo que necesitaba:

1. El poder para expresarme con verdad.

2. El amor para hablar sin herir.

3. El dominio propio para decirlo con sabiduría.

 

Cuando me animé… descubrí que él también se sentía cargado y desconectado de mí. ¡Estábamos viviendo lo mismo y ninguno lo decía!


Un consejo para ti 


Si alguna vez te has sentido así —desconectada, distante, no amada— no te lo guardes. Habla, exprésalo, comunica lo que te gusta y lo que no te gusta, pon tus límites… pero antes de hacerlo, de verdad, óralo.


Antes de explotar con tu esposo, mejor háblalo con Dios. Cuando tienes esos momentos de oración con Él, donde le dices:


"¿Sabes qué, Señor? Ya me tiene enfadada este viejo panzón jaja… mira cómo me trata…", y hasta te ríes un poco entre lágrimas (porque sí, una a veces se desahoga riéndose para no llorar)


Y sales de esa oración con otra perspectiva.


Recuerda el verso que te compartí: poder, amor y dominio propio. 


No se trata de ganar la discusión, se trata de ganar el matrimonio.


Y acuérdate de algo importante:

Así como él falla, nosotras también fallamos.

Después de desahogarte con Dios, pídele que te muestre en qué cosas tú también puedes mejorar.

En el matrimonio no se trata solo de exigir… se trata de dar.

Pregúntate: ¿Qué tanto estoy dispuesta a ceder y a cambiar? Porque lo mismo que deseas que tu esposo ceda y cambie, él también lo espera de ti. No importa quién esté “más mal”… lo que importa es ganar: ganar tu matrimonio, tu familia, tu hogar.

Vale la pena esforzarnos.


Quiero que sepas algo: te hablo de matrimonios, pero no porque el mío sea perfecto. No lo es.

Todos tenemos nuestras luchas y batallas, pero orar y estar en comunión con Dios te ayuda a ver tus errores y a trabajar en ti. Eso da paz… y te hará sentir mejor.

A veces no importa lo que él te vaya a contestar; el simple hecho de que tú te expreses y comuniques ya es un avance para ganar… y te vas a sentir mucho mejor.

Antes de hablar, ora.


Pídele a Dios las palabras correctas y la actitud correcta.

Porque no solo importa lo que dices… importa cómo lo dices.


“La mujer sabia edifica su casa, mas la necia con sus labios la destruye”

Proverbios 14:1


Acción del día


Hoy identifica una conversación pendiente con tu esposo. No tiene que ser un tema enorme… puede ser algo pequeño que has estado guardando. Antes de hablarlo, tómate un momento a solas con Dios.

Cuéntale lo que sientes, pídele las palabras correctas y la actitud correcta.

Cuando lo hagas, no vayas buscando discutir o tener la última palabra. Ve buscando conectar. Hazle preguntas: “¿Cómo te has sentido últimamente?”, “¿Hay algo que yo pueda hacer para ayudarte?”.


Recuerda: el objetivo no es tener razón… el objetivo es fortalecer el matrimonio.

¿Oramos?

Señor, gracias por la vida de mi esposo.

Hoy pongo en tus manos nuestro matrimonio.

Enséñame a ser paciente, a escuchar y a hablar con amor.

Ayúdanos a comprendernos y apoyarnos en cada temporada de la vida.

Que Tú seas el centro y el sostén de nuestra relación.

Declaro que nuestro amor se fortalece y crece bajo tu cuidado.

Permíteme ver mis fallas, transfórmame, sáname, restaura y dame de tu amor para poder darlo yo también.

 En el nombre de Jesús, amén.

 

 
 
 

1 comentario


karlasalazar_
14 ago

Las palabras sabias siempre llegan cuando más se necesitan… yo tengo una frase que dice “el momento llama la canción” que es que a como te sientes el radio te avienta la canción del sentimiento… en este caso, el momento llamo a esta bonita reflexión 🩷

Lo valoro y lo pondré en practica!

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