Resistencia: La Fe que Duele
- Tania Herrera Y Cairo
- 23 oct
- 8 Min. de lectura
Alimento fresco del cielo

Descubre qué es la fe, cómo fortalecerla y resistir en tiempos difíciles.
Hace unos días, mientras oraba y le preguntaba a Dios: “Señor, ¿qué deseas que comparta en el devocional de esta semana?”, Él me respondió rapidito: “Hay alimento fresco… palabra fresca.”
Y no sé tú, pero yo de inmediato me imaginé un platito de machaca recién hecha y pan salidito del horno, calientito, listo para compartir jaja.
Después de eso jajaja vino a mi mente una sola palabra: RESISTENCIA. En ese momento tuve una visión: una liga que se estiraba. Y entendí que así es la fe.
Una fe que se estira… y duele. Porque cuando se estira, se rompen fibras internas, pero al final, esa liga queda más grande, más fuerte, más resistente.
Así también crece la fe. Dios nos da a todos una medida de fe, pero esa fe solo madura cuando pasa por procesos, cuando atraviesa la prueba, cuando se estira más allá de lo que tú creías poder soportar.
Y no, no es que Dios disfrute verte resistir; es que está formando algo dentro de ti.
Está fortaleciendo tu fe, tu carácter y tu confianza.
Dios va estirando la liga poco a poco, como un buen instructor en el gimnasio: no te pone un peso que no puedas soportar, pero sí el suficiente para moldearte y hacerte crecer.
Y me vino a la mente esa frase tan conocida en mi tierra: “Pues vamos a ver hasta dónde estira la liga.”
Dios conoce tu capacidad mejor que tú. Y si hoy sientes que estás al límite, tranquila, Él sabe exactamente cuánto puedes resistir.
¿Sabes qué es la fe?
La fe es eso que tú crees que va a suceder, y estás 100% segura de que sucederá… aunque aún no exista, aunque todavía no lo veas materializado.
La Biblia lo dice así:
“La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” — Hebreos 11:1
Y hay varios tipos de fe:
Está la fe que no cree en nada, esa que tiene fe en que Dios ni Jesús existen.
La fe que cree que Jesús murió y resucitó, pero hasta ahí se queda.
La fe que además cree que Él tiene poder para perdonar pecados.
Y la fe que cree en Su poder para hacer milagros, sanar, restaurar y abrir puertas imposibles.
¿Te fijas? Hay muchos niveles de fe.
Pero todos nacemos con una medida de fe.
Tú tienes una medida de fe.
Solo necesitas dejar que Dios la estire, la fortalezca y la lleve a otro nivel.

La fe que duele
Y sí, hay una fe que duele.
Esa fe que se forma cuando ya no puedes más, cuando todo se pone en tu contra, cuando parece que Dios guarda silencio.
Esa fe no se aprende leyendo un libro o escuchando una prédica.
Se aprende en el fuego, en las lágrimas, en los días donde todo dentro de ti quiere rendirse, pero una voz en tu corazón te dice: resiste.
Porque la fe real no se trata de repetir frases bonitas o de parecer fuerte.
La fe real es la que eliges tener cuando no entiendes nada, cuando el milagro no llega, cuando oraste y aún no ves respuesta.
Y ahí es donde Dios te entrena.
No para castigarte, sino para fortalecerte.
Él no te pasa por pruebas para probarte, sino para aumentar tu resistencia.
Quizá tu fe está siendo estirada ahora mismo: en tu familia, con tus hijos, en tu matrimonio, en tu salud o tus finanzas.
Y sí, duele. Pero ese dolor también está formando propósito.
Porque Dios no desperdicia el dolor.
Cada estiramiento de tu fe tiene una razón, y cuando todo parezca romperse, recuerda: Él no va a dejar que la liga se rompa.
Solo la está estirando… para que alcances lo que antes no podías.

Ejemplos de una fe que duele
Mira cómo Dios trabaja con la fe que duele.
Hay una historia que me encanta: la de la mujer del flujo de sangre.
Esa mujer había sufrido durante años, había gastado todo lo que tenía buscando una solución… y nada la sanaba.
Pero un día, escuchó hablar de Jesús.
Y aunque la ley decía que no podía acercarse a nadie porque era considerada impura, su fe fue más fuerte que su vergüenza, que el miedo a que la juzgaran y que las voces en su cabeza.
Ella dijo: “Si tan solo logro tocar el borde de su manto, seré sana.”
Y lo hizo. En medio de la multitud, se abrió paso, tocó a Jesús… y al instante fue sana.
Esa fue una fe que dolió, que la arriesgó todo, pero fue también la fe que activó su milagro.
Y también está la historia de David.
Un joven pastor, sin experiencia en batalla, frente a un gigante que todos temían.
No tenía armadura, solo una honda, unas piedras… y una fe enorme.
La fe de David fue puesta a prueba en un campo de batalla, pero esa fe lo llevó a vencer lo imposible.
Mientras todos veían un enemigo invencible, David veía una oportunidad para que Dios mostrara Su poder.
¿Ves? La fe que duele, la fe que se estira, la fe que te reta… es la misma que abre el cielo y provoca el milagro.
Porque cuando te atreves a creer aun con miedo, Dios se mueve a tu favor.
La fe que se alimenta de la Palabra
La Biblia dice:
“La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios.” — Romanos 10:17
Así que, si tú no crees todavía en Dios, pero te gustaría aprender a creerle, tienes que comenzar por leer Su Palabra.
Ahí es donde la fe nace, se fortalece y se multiplica.
Justo ayer el Señor me decía: “Llegó la temporada donde las puertas se están abriendo.”
Y entendí que puedo elegir si eso es solo un pensamiento… o si elijo creer que es Dios hablándome.
Yo decido creer.
Yo elijo tener fe y abrazar cada promesa, porque las promesas de Dios son nuestras armas para desatar lo que Él ya preparó para nosotros.
La Biblia está llena de esas promesas.
Y cuando las conoces y las oras, estás pidiendo conforme a Su voluntad.
Por eso, no basta con creer que Jesús existe o que murió y resucitó.
Creerle a Dios —eso solo se logra conociéndolo.
Imagina que alguien te deja una gran herencia: prosperidad, salud, paz, un matrimonio sano.
Todo eso está escrito en un documento que es tuyo.
Pero si nunca lees ese documento, si no sabes lo que contiene, jamás podrás reclamarlo.
Así pasa con la Biblia.
Es el testamento que Dios dejó a tus manos, y Él espera que lo tomes, lo leas y digas con fe: “Aquí dice que me dejaste esa promesa, Señor, vengo por ella.”
Pero muchos se quedan nomás reclamando las promesas, y de pronto las promesas no llegan… no por falta de fe, sino por falta de conocimiento.
Hay promesas que vienen con requisitos, y si no cumplimos esos requisitos, nos quedamos nomás reclamando.
Y peor aún… si no conocemos las promesas, ¡Pues menos vamos a saber cuáles son las condiciones! ¿Verdad?
Y sí, hay personas que se enojan con Dios porque las cosas no salen como esperaban.
Hacemos berrinches espirituales, nos frustramos, pero muchas veces no estamos dispuestos a conocer qué quiere Dios para nuestras vidas.
Queremos que Él cumpla Su parte, sin estar dispuestos a cumplir la nuestra.
El mundo espiritual existe —lo creas o no— y se rige por leyes.
Así como la constitución de tu país tiene reglas que debes respetar, en el Reino de Dios también hay principios que se deben cumplir.
Y esas leyes se cumplen o se rompen, las conozcas o no.
Por eso es tan importante conocer la Palabra, porque cuando ignoras los principios de Dios, vives a ciegas… y luego terminas pensando que Él no te escucha, cuando en realidad solo está esperando que entiendas cómo opera Su Reino.

Jesús, el centro de todo
A la mujer del flujo de sangre no le importó la religión, ni la vergüenza.
Ella iba tras el único que podía darle la sanidad: Jesús.
No dejó que la señalaran, no se detuvo por lo que dijeran los demás.
Sabía que en Él estaba su esperanza, su paz y su milagro.
Y así también es contigo.
No dejes que nada te detenga.
Jesús tiene el poder de resolver lo imposible, de traer orden al caos, de llenar tu corazón de alegría y devolver el gozo que creías perdido.
Su nombre es poderoso.
Su presencia transforma todo.
Donde Él entra, entra la luz, la libertad, la vida.
Y si lo dejas acercarse, vas a sentir lo mismo que esa mujer sintió: una paz profunda, un fuego suave, una certeza en el alma que te dice “todo estará bien.”
Porque Jesús no solo quiere sanarte, quiere enamorarte.
Que lo conozcas más allá de la religión, más allá de lo que te contaron.
Él quiere caminar contigo, hablarte, abrazarte, restaurarte.
Y cuando experimentas Su presencia… wow
No hay palabras que alcancen.
Solo un corazón rendido que dice:
“Jesús, Tú eres todo lo que necesito.”
Subir de nivel en la fe
Dios nos está llamando a subir de nivel en la fe.
A no quedarnos en la fe que observa, sino en la fe que camina.
Y para eso, a veces toca avanzar con los ojos cerrados, creyendo, confiando, sin ver nada todavía.
La Biblia dice:
“Todo lo que pidas en oración, creyendo, lo recibirás.” — Mateo 21:22
Creer es clave.
No es repetir palabras, es tener la convicción de que lo que Dios dijo, Él lo cumplirá.
Así que hoy te invito a hablar con autoridad, a usar tu boca para declarar lo que la Palabra de Dios dice sobre ti.
Dile al cáncer: “Retrocedes, porque por las llagas de Cristo fui sanada.”
Dile a tu hijo que anda en malos pasos: “La presencia de Dios va a alcanzarte y traerte de vuelta.”
Dile a tus finanzas: “La pobreza no tiene poder sobre mi vida, porque mi provisión viene de Dios.”
Pero recuerda esto: estas declaraciones no tienen nada que ver con frases de abundancia vacías o pensamientos positivos.
Tienen que ver con principios bíblicos.
Porque la verdadera fe no se basa en decretos humanos ni en energías, se basa en la Palabra viva de Dios.
Y cuando crees Su Palabra, cuando oras con entendimiento, cuando caminas en obediencia,
Dios mismo se encarga de abrir las puertas, sanar las heridas y traer cumplimiento a lo que prometió.
Oración
Señor, gracias porque me has dado una medida de fe.
Ayúdame a resistir con esperanza y a creer incluso cuando no veo nada.
Enséñame a caminar con los ojos cerrados, pero con el corazón abierto.
Hoy decido subir de nivel en mi fe.
Quiero conocerte más, obedecerte más y confiar más en Ti.
Declaro que todo proceso está fortaleciéndome y que ninguna prueba será en vano.
Jesús, Tú eres mi sanador, mi proveedor, mi paz y mi fuerza.
A Ti entrego mi corazón y mi confianza.
Amén.
Bendición final
Bendigo a cada persona que lee estos devocionales.
Dios está haciendo grandes cosas en las naciones:
México, Honduras, Nicaragua, Perú, El Salvador y nuestros amigos de Estados Unidos.
Gracias a todos por sus muestras de cariño.
¡Dios siga bendiciendo tu país y fortaleciendo tu fe!
Comparte este devocional con alguien que necesite recuperar su fe.
¿Quieres descubrir los principios bíblicos que abren las puertas de la provisión?
Y aprende cómo pasar de la escasez a la fidelidad.




Me has hablado al corazón Padre amado,
Gracias Dios de amor, por estos mensajes que pones en hijos tuyos para compartir.