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¿Porqué siento que estoy estancado? 🙌🏼

18 jun
7 min de lectura

Cómo reconocer las oportunidades de Dios mientras esperas Su tiempo


Mujer reflexionando mientras espera el tiempo de Dios y descubre su propósito

Todos hemos orado por algo que todavía no llega.


Un mejor trabajo.

Una empresa que prospere.

Un matrimonio restaurado.

Más ingresos.

Un hogar en paz.


O simplemente la certeza de estar caminando en el propósito que Dios tiene para nuestra vida.


Oramos porque creemos que Dios puede hacerlo.


Sabemos que Él abre puertas, guía nuestros pasos y tiene buenos planes para nosotros.


Sin embargo, conforme pasa el tiempo, la esperanza comienza a mezclarse con la frustración y la paciencia con el cansancio.


Sin darnos cuenta, empezamos a preguntarnos:


¿Hasta cuándo, Dios?


Aunque pocas veces lo decimos en voz alta, nuestras decisiones terminan revelando lo que sucede en nuestro corazón.


Dejamos de esperar con confianza e intentamos resolver las cosas con nuestra experiencia, nuestras fuerzas y la capacidad que tenemos hoy.


Queremos abrir puertas por nuestra cuenta y encontrar respuestas inmediatas para situaciones que parecen no avanzar.


Quizá tú también te has hecho alguna de estas preguntas:


¿Por qué siento que estoy estancado?

¿Será que me equivoqué de camino?

¿Por qué Dios todavía no responde mi oración?

¿Y si la oportunidad que espero nunca llega?


Lo curioso es que no somos los primeros en sentirnos así.


Mientras leía una historia de la Biblia encontré un detalle que nunca antes había llamado mi atención.


Cuando parece que no hay salida: la lección del pueblo de Israel


El pueblo de Israel cruzando el Mar Rojo mientras Dios abre camino en medio de la dificultad

El pueblo de Israel acababa de recuperar su libertad después de vivir muchos años como esclavo en Egipto.


Dios mismo los estaba guiando hacia una nueva tierra y, después de tanto sufrimiento, cualquiera pensaría que el camino sería cada vez más sencillo.


Pero ocurrió exactamente lo contrario.

De un momento a otro quedaron atrapados.

Frente a ellos había un enorme mar.


Detrás venía el ejército del rey que había decidido perseguirlos para llevarlos de regreso. No podían avanzar, pero tampoco podían regresar.


Humanamente hablando, no había salida.


Mientras imaginaba aquella escena pensé en cuántas veces nosotros también nos hemos sentido así.


Tal vez no tienes un mar frente a ti, pero sí una situación que parece imposible de resolver.


Has orado por tu matrimonio y las conversaciones siguen siendo difíciles.


Has pedido una oportunidad para emprender y los clientes todavía no llegan.


Has trabajado durante años y sientes que tu empresa no termina de despegar.


O simplemente has buscado descubrir el propósito de Dios para tu vida y pareciera que nada cambia.


La Biblia dice que el pueblo tuvo miedo y clamó a Dios.

Era lo más natural.


Aquella situación los superaba por completo.


Pero apenas unos momentos después comenzaron a reclamarle a Moisés.


Mientras leía ese pasaje me vi reflejada en ellos.

Oraron.


Pero como la respuesta no llegó de inmediato, comenzaron a desesperarse.


Y pensé…

¿Cuántas veces hacemos exactamente lo mismo?


Le pedimos a Dios una oportunidad.

Le pedimos dirección.


Pero cuando las circunstancias no cambian al ritmo que esperamos, concluimos que Dios dejó de obrar.


Entonces encontré un detalle que cambió por completo mi manera de leer esta historia.


Moisés animó al pueblo a confiar en Dios y permanecer firme.

Fue entonces cuando Dios le respondió:


¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. (Éxodo 14:15).

Aquella respuesta me hizo detenerme


Todavía no existía un camino, el mar seguía frente a ellos.

Y, aun así, Dios les dijo:

“Avancen.”


¿Cómo avanzar cuando delante de ellos solo había agua?


Dios les estaba pidiendo obedecer antes de mostrarles el milagro.

Y mientras ellos daban ese paso de fe, ocurrió algo extraordinario.


La Biblia dice que Dios hizo que el mar se retirara mediante un fuerte viento oriental.


Gracias a ese viento, el pueblo pudo cruzar por un lugar donde, unos momentos antes, parecía imposible avanzar.


Qué significa realmente una oportunidad según la Biblia

 

¿Por qué Dios decidió abrir el camino precisamente de esa manera?


La palabra oportunidad proviene del latín opportunitas.


En la antigüedad era una expresión relacionada con la navegación y hacía referencia al viento favorable que permitía a un barco zarpar o llegar con seguridad a su destino.


En otras palabras, una oportunidad era el viento correcto en el momento correcto.


Y fue ahí donde todo comenzó a tener sentido.


Dios no solo estaba abriendo un mar.


También estaba dejándonos una imagen de cómo muchas veces nos conduce hacia el propósito que tiene para nuestra vida.


Porque el propósito rara vez se alcanza de un solo paso.

Con frecuencia, Dios nos lleva hasta él a través de oportunidades.


Las oportunidades de Dios llegan, pero no todos las reconocen


Imagina una ciudad pesquera atravesando una fuerte crisis.

Los barcos permanecían inmóviles en el puerto.


Las redes seguían vacías, el alimento comenzaba a escasear y la incertidumbre crecía entre las familias.


Todos esperaban lo mismo.


Un buen viento.

Porque un buen viento significaba alimento, trabajo y esperanza.


Los marineros sabían que había algo que nunca podrían controlar.

No podían producir el viento ni decidir cuándo llegaría.


Pero sí podían decidir cómo los encontraría cuando finalmente apareciera.


Algunos aprovecharon ese tiempo para preparar sus barcos.

Otros simplemente esperaron.


Hasta que una mañana… El viento sopló.

Algunos soltaron las amarras y navegaron de inmediato.


Llevaban tanto tiempo preparándose que, cuando llegó el momento, simplemente hicieron aquello para lo que ya estaban listos.


Pero no todos reaccionaron igual.


El miedo hizo que algunos permanecieran en el puerto.

Las heridas del pasado hicieron que otros desconfiaran.


Sus expectativas les impidieron reconocer que el viento que esperaban ya había llegado.


Y hubo quienes prefirieron la comodidad de quedarse donde estaban antes que asumir el riesgo de navegar.


¿Te das cuenta? Todos recibieron el mismo viento.

Pero no todos navegaron.


La diferencia estuvo en quién había decidido prepararse mientras esperaba.


¿Cuántas veces Dios habrá puesto una oportunidad delante de nosotros y no la vimos porque el miedo, las heridas, nuestras expectativas o la comodidad nos mantuvieron amarrados al mismo lugar?


El mismo Jesús decía con frecuencia:


“El que tiene oídos para oír, oiga.” (Mateo 11:15).

No porque algunas personas no tuvieran oídos, sino porque no todos estaban dispuestos a reconocer lo que Dios estaba haciendo delante de ellos.


Quizá con las oportunidades sucede exactamente lo mismo.

Muchas veces no es que Dios deje de abrir puertas.


Es que todavía no tenemos los ojos para reconocerlas, el corazón para creerlas o el carácter para sostenerlas cuando llegan.


Fue entonces cuando comprendí algo que cambió por completo mi manera de ver las temporadas difíciles.


Mientras nosotros llamamos estancamiento a una temporada…

Dios la llama preparación.


¿Preparación para qué?


Dios no solo prepara oportunidades, también prepara personas


Mujer trabajando felizmente mientras Dios la prepara para nuevas oportunidades.

Durante mucho tiempo pensé que Dios solamente preparaba las oportunidades.


Pero mientras estudiaba esta historia comprendí que Él hace algo mucho más profundo.


Dios no solo prepara oportunidades.

También prepara personas para las oportunidades.


Quizá por eso el apóstol Pablo escribió:


“Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada oportunidad, porque los días son malos.” Efesios 5:15-16 (NVI).

Me llama la atención que Pablo no dice que esperemos las oportunidades.

Dice que las aprovechemos.


Y creo que solo puede aprovechar una oportunidad quien decidió prepararse antes de que llegara.


Confieso que durante mucho tiempo pensé que estar estancada significaba que Dios había dejado de abrir puertas.


Hoy creo que, mientras yo veía una puerta cerrada, Dios estaba trabajando en algo mucho más importante: mi carácter.


Tal vez por eso algunas personas parecen avanzar una y otra vez, mientras otras sienten que llevan años en el mismo lugar.


No siempre se trata de tener más recursos, más contactos o más talento.


Muchas veces la diferencia está en lo que sucedió durante la espera.


Mientras unos solamente esperaban que algo cambiara, otros permitieron que Dios cambiara algo dentro de ellos.


Qué hacer mientras esperas el tiempo de Dios


Si hoy estás orando por un matrimonio restaurado, por una empresa que crezca, por un mejor trabajo o simplemente por descubrir el propósito que Dios tiene para tu vida, sigue creyendo.


Pero mientras llega ese momento, no desperdicies esta temporada.

Pregúntale a Dios qué quiere formar en ti antes de llevarte al siguiente paso.


Tal vez quiera fortalecer tu carácter antes de aumentar tu responsabilidad.

Tal vez quiera enseñarte a administrar antes de confiarte más recursos.


O quizá quiera acercarte más a Él, porque sabe que aquello que hoy tanto anhelas también traerá desafíos que necesitarás aprender a sostener.


Tal vez Dios no ha detenido tu propósito.

Tal vez te está preparando para él.


Y cuando llegue el momento, mirarás hacia atrás y descubrirás que aquellos días en los que pensabas que nada estaba ocurriendo fueron, en realidad, los días en los que Dios más estaba trabajando en tu vida.

 

¿Oramos?


Padre:

Gracias porque, aun cuando no entiendo lo que está pasando, puedo confiar en que Tú nunca dejas de obrar.


Perdóname por las veces que he confundido la espera con Tu ausencia y el silencio con el abandono.


Hoy decido creer que esta temporada también tiene un propósito.


Si hay áreas de mi vida que necesitan ser fortalecidas, ayúdame a recibirlas con humildad.


Forma mi carácter, aumenta mi fe y enséñame a reconocer las oportunidades que vienen de Ti.


Y cuando llegue el momento de avanzar, que me encuentre preparado; no solo para recibir la oportunidad, sino también para reconocerla, responder con valentía y honrarte con todo lo que pongas en mis manos.


En el nombre de Jesús.

Amén.


Recuerda:

La espera no significa que Dios se haya olvidado de ti.


Mientras tú esperas una oportunidad, Él sigue formando tu carácter, fortaleciendo tu fe y preparándote para aquello que has estado pidiendo.


Quizá hoy no puedas ver el camino completo, pero eso no significa que Dios haya dejado de abrirlo.


Confía.

Permanece.

Sigue avanzando.


Porque cuando llegue el tiempo correcto, descubrirás que aquello que parecía una temporada de estancamiento fue, en realidad, una temporada de preparación.


Y entonces comprenderás que Dios estuvo obrando todo el tiempo.


Te mando un abrazo,

Tania.



 
 
 

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