Cómo perdonar de verdad: 4 pasos para sanar y encontrar paz
- Tania Herrera Y Cairo
- 10 sept
- 3 Min. de lectura
Descubre cómo perdonar de verdad con 4 pasos prácticos basados en la Biblia. Sana heridas profundas, suelta el dolor y encuentra la paz con la ayuda de Dios.

El desafío real de perdonar
“¡Ya suelta, ya perdona!” Esa era la frase que más me molestaba escuchar.
Todos lo decían como si fuera tan sencillo: “No vale la pena que estés enojada”, “No te desgastes por eso”.
Y aunque en teoría tenían razón, nadie me decía cómo perdonar de verdad.
Quizá tú también te has preguntado:
¿Cómo puedo perdonar si me dolió tanto?
¿Por qué sigo enojada aunque dije que perdoné?
¿Por qué me cuesta soltar lo que pasó?
Si estas preguntas resuenan contigo, este devocional es para ti.
El perdón no es una varita mágica que borra todo en un segundo. Es un proceso espiritual y emocional que involucra mente, corazón y espíritu. Aquí te comparto los 4 pasos que Dios me enseñó para sanar heridas profundas, algunas que casi destruyen mi matrimonio y mi relación con mi familia.
Paso 1: Reconoce la herida
Muchas veces creemos que ya perdonamos porque nos enfocamos en la vida diaria, pero en realidad guardamos el dolor en una “caja negra”. Tarde o temprano, esa herida resurge con más fuerza.
Tip práctico: Antes de seguir leyendo, ora y pídele a Dios que te muestre las heridas que todavía cargas. Escríbelas, ponles nombre. Reconocer el dolor es el primer paso hacia la sanidad.
Paso 2: Lleva tu herida a Dios
Perdonar no es repetir “ya lo perdoné” cuando tu corazón sigue gritando. El verdadero perdón ocurre cuando entregas la herida a Dios.
Hazlo sin filtros:
Cuéntale lo que pasó.
Dile cómo te sentiste.
Exprésale lo que esperabas.
Reconoce lo que aún duele.
Jesús lo prometió:
“Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar.” — Mateo 11:28
Perdonar con tus fuerzas te agota, perdonar con Dios te libera.
Pregúntate:
¿He dicho “ya perdoné”, pero sigo cargando el dolor?
¿Le he permitido a Dios entrar hasta lo más profundo de mi herida?
Paso 3: Mira a la persona con compasión
Este paso es difícil, pero transforma tu corazón. Ver con compasión no significa aprobar lo que te hicieron, sino entender que todos fallamos.
La Biblia enseña:
“Con la vara que midas, serás medido.” — Mateo 7:2
Y en la parábola del siervo sin misericordia, Jesús nos recuerda lo que Dios espera de nosotros:
“Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” — Mateo 18:32-33
Este pasaje nos confronta: si Dios ya nos perdonó una deuda impagable, ¿cómo no perdonar a otros, aun cuando nos han herido? La compasión no borra lo que pasó, pero sí ablanda el corazón para que Dios sane lo que nadie más puede sanar.
Paso 4: Renuncia a la venganza
Cuando no perdonamos, nuestro corazón desea justicia inmediata. Pero mientras esperamos que “el otro pague”, seguimos atados.
La Palabra lo dice con claridad:
“Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” — Romanos 12:19
Soltar la venganza no es debilidad, es libertad. Deja en manos de Dios lo que solo Él puede resolver.
Perdonar no es olvidar. Perdonar no es justificar. Perdonar es sanar tu corazón y dejar que Dios lo llene de paz.
No será fácil, pero sí vale la pena. Cuando permites que Dios entre en tus heridas, experimentas libertad y plenitud.
Oración:
Señor, hoy reconozco que hay heridas en mi corazón que aún duelen. Te entrego cada una, sin reservas. Ayúdame a ver con compasión, a soltar la venganza y a confiar en tu justicia. Lléname de tu paz y enséñame a perdonar como Tú me perdonaste. En el nombre de Jesús, amén.
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