La vida financiera con propósito: principios de Dios para prosperar
- Tania Herrera Y Cairo
- 16 oct
- 7 Min. de lectura
Cómo pasar de la escasez a la fidelidad financiera y ver multiplicación en cada área de tu vida.

Descubre cómo aplicar principios bíblicos financieros para pasar de la escasez a la fidelidad y prosperidad. Aprende sobre honra, generosidad, propósito y administración según la Palabra de Dios.
“El que es confiable en lo poco, también lo es en lo mucho; y el que no es confiable en lo poco, tampoco lo es en lo mucho.— Lucas 16:10
La semana anterior hablábamos del principio de la multiplicación y de cómo, con lo poco o mucho que tengamos, Dios puede multiplicarlo.
Tenemos un Dios fiel que cumple sus promesas y que se rige por principios escritos en Su Palabra: la Biblia.
La manera en que manejas tus finanzas en lo poco será la calificación que te llevará a recibir lo mucho.
En pocas palabras: si Dios ve que en lo poco eres fiel, entonces podrá confiarte más. Ese es el trato.
Pero hay algo que necesitamos entender —y te lo voy a respaldar con la Biblia—: nosotros somos administradores, no dueños, de lo que tenemos.
“Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes le pertenecen.” — Salmo 24:1 (NTV)
De Él provienen las riquezas, las oportunidades y la provisión.
Cuando comprendemos que todo lo que tenemos le pertenece a Dios —y que lo que poseemos es prestado, confiado a nuestro cuidado— cambia nuestra manera de administrar y de lo fiel que somos con lo que nos han dado.

Si un día te prestan a un niño para que juegue en tu casa, probablemente lo cuides más que a tus propios hijos, ¿por qué? Porque sabes que tendrás que rendir cuentas de él.
Así mismo sucede con todo lo que Dios nos ha confiado: nuestro hogar, nuestros recursos, nuestros talentos y nuestras finanzas. Algún día rendiremos cuentas.
Dios multiplica lo que está ordenado
¿Cómo crees que Dios te va a dar más si con lo que ya tienes no sabes administrarlo? No te llega la quincena cuando ya se te fue. No te caen las utilidades cuando ya las tienes comprometidas.
Y luego dices: “¿Será que Dios no me quiere prosperar?” ¡Claro que sí quiere! Sí, Dios sí quiere prosperarte, y mira lo que dice Su Palabra:
“Amado, yo deseo que seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” — 3 Juan 1:2
Pero para que Dios te prospere y te multiplique, hay principios que necesitas conocer y aplicar.
El mayor problema, en la mayoría de los casos, no es el ingreso ni la provisión de Dios… el mayor problema es qué estás haciendo con lo que Dios ya te dio.

Y si sigues orando por un milagro financiero, Dios lo hará —porque Él es fiel—, pero ¿sabes qué hará primero? Pondrá orden.
Cuando uno empieza a orar por las finanzas, por el negocio, por el emprendimiento, por el sustento diario, por las comisiones o por el trabajo, Dios responde.
Pero como Él es un Dios de orden, antes de multiplicar, primero acomoda.
“Asegúrense de que todo se haga de forma apropiada y con orden.”— 1 Corintios 14:40 (NTV)
Dios no va a multiplicar tu desorden.
He visto a muchas personas orar por un milagro financiero, por un mejor ingreso o por un trabajo nuevo, y se enfocan tanto en lo que no tienen que se olvidan de lo que sí tienen. Y precisamente de eso que sí tienes, Dios te pedirá cuentas.
¿Tienes un trabajo? Honra a tus jefes, sírvelos como si trabajaras para el Señor.
¿Tienes una empresa? Sé íntegro con tus clientes, con tus empleados, contigo mismo y con tus valores.
¿Dios te dio una familia? Educa a tus hijos en disciplina y en amonestación del Señor.
¿Eres ama de casa? Qué bendición. Cuida tu casa, y haz de ella un hogar de paz, amor y descanso para tu familia.
Porque todo lo que haces —en el trabajo, en la casa o en el negocio— habla de tu administración. Y Dios bendice al buen administrador.
Veamos ahora algunos principios financieros que necesitas conocer para caminar en la fidelidad de Dios.
1. Honra a tu padre y a tu madre
¿Y eso qué tiene que ver? Bueno… yo tampoco lo sabía al principio, y confieso que es algo que me ha costado.
Pero honrar a nuestros padres es el primer mandamiento con promesa, y dice así:
“Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien en la vida.”— Efesios 6:2-3
¿Y qué tiene que ver esto con las finanzas? Pues mucho.
La Biblia dice que al que honra a su padre y a su madre le irá bien en la vida.
La honra implica obediencia, respeto, gratitud y amor.
Empieza por perdonarlos, reconcíliate, abrázalos y míralos con los ojos de Dios, no con los ojos del pasado.
Cuando hay honra, hay bendición; y cuando hay bendición, todo empieza a prosperar.

2. No seas avaro: da con generosidad
He escuchado a muchas personas decir: “Yo no ofrendo ni doy porque no tengo.” Y siempre les respondo: “No tienes, precisamente porque no das.”
La generosidad no empobrece; abre las puertas de la provisión.
Hay quienes dicen: “Yo siempre doy el diezmo”, y qué bueno que lo hagas, porque el diezmo es algo bíblico. Pero si lees en Malaquías, entenderás que el diezmo no es una ofrenda, sino algo que uno le devuelve a Dios.
Todo lo que das después del diezmo, eso sí es generosidad.
Y si te cuesta diezmar u ofrendar a una iglesia, no lo hagas por compromiso, porque Dios no quiere que des por obligación; quiere verte feliz dando generosamente.
“Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.”— 2 Corintios 9:7 (NVI)
Puedes sembrar en otro lugar, en alguien que lo necesite, en una causa que bendiga vidas. La generosidad tiene que doler un poco; si no te cuesta, no es generosidad.
Recuerda el ejemplo de la viuda: ella no tenía nada, y aun así dio lo poco que tenía… y Jesús dijo que ella había dado más que todos.
3. Camina en tu propósito
He conocido mucha gente exitosa, pero vacía. Personas que lograron tener dinero, posición o reconocimiento, pero se alejaron del propósito de Dios… y viven sintiendo que algo siempre les falta.
Y también tengo un amigo que vive debajo de un puente —un hermano en Cristo que es una inspiración para mi vida—, quien me enseñó que la verdadera felicidad no depende de lo que tienes por fuera, sino de lo que llevas dentro.
Dios desea prosperarnos en todas las áreas. Al que no tiene, le dará; y al que ya tiene, también le dará más. Porque cuando caminas con propósito, la provisión nunca falta.
Mientras no camines en tu propósito, sentirás inestabilidad… como un sube y baja.
Pero la gente que camina en el propósito —como decimos en mi pueblo— “no ocupa bules para nadar.” Es decir, no necesita apoyos externos para sostenerse, porque su confianza está firme en Dios.
Hacer dinero no debe ser tu meta; tu meta debe ser caminar en el propósito correcto.
Cuando lo haces, todo se alinea: tus relaciones, tus decisiones y tus finanzas.
Pregúntale: “¿Para qué nací? ¿Qué quieres que haga?” Y confía, porque Dios no te va a quitar lo que te dio; solo va a dirigirlo hacia donde realmente da fruto.
“Porque yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”— Jeremías 29:11 (NVI)
Tenemos un Dios de multiplicación. Todo lo que Él nos da tiene un propósito.
Por eso, usa tus recursos, tus talentos y tus días para avanzar en ese propósito.
4. Administra y ten planes
Las finanzas también deben planearse y proyectarse. Si trabajas y gastas sin propósito, nunca tendrás estabilidad.
Nunca conocerás tu verdadera capacidad si no te atreves a producir y multiplicar lo que Dios puso en tus manos.
Es tu responsabilidad esforzarte, planear y hacer producir lo que Él te confió, con paciencia, aprendiendo a esperar sin prisas, corriendo pero sin desmayar, a paso firme pero sin vivir atribulado.
A veces tomamos decisiones con el corazón acelerado, movidos por la emoción o la necesidad, y terminamos metiéndonos en deudas, compromisos o gastos que Dios nunca nos pidió.
Y ahí andas, corriendo de un lado a otro, tomando decisiones al día, pero si tuvieras una visión clara de lo que quieres y de la meta a la que quieres llegar, cada decisión la tomarías pensando en esa meta, no por presión ni por impulso.
No importa si eres la cabeza de un negocio o los hombros que sostienen a la cabeza, si eres el esposo proveedor o la esposa que edifica su casa, cada uno debe dar fruto en el lugar donde fue llamado.
Por eso es tan importante planear, pedir dirección y buscar consejo.

“Los planes fracasan por falta de consejo; muchos consejeros traen éxito."— Proverbios 15:22 (NTV)
“Los planes bien pensados y el arduo trabajo llevan a la prosperidad; los atajos tomados a la carrera conducen a la pobreza.”— Proverbios 21:5 (NTV)
Deja de preguntarte si Dios quiere o no que te vaya bien. ¡Sí quiere! Él desea que prosperes en todas las cosas, que tengas salud y que tu alma prospere.
(3 Juan 1:2)
El problema no son tus ingresos, sino cómo administras lo que Dios ya te dio.
Y cuando Él ve que eres fiel en lo poco, te confiará más.
Porque el secreto no está en cuánto tienes, sino en cómo lo manejas, cómo lo cuidas y cómo lo multiplicas.
Oración
Señor, gracias por recordarme que todo lo que tengo viene de Ti.
Hoy decido rendirte mis finanzas, mis decisiones y mis recursos.
Enséñame a ser fiel en lo poco, a administrar con sabiduría y a dar con generosidad.
Quita de mí la ansiedad por el dinero y enséñame a confiar en tu provisión diaria.
Ordena mis pasos, Señor, para que cada decisión financiera te honre y produzca fruto eterno.
Te entrego mis planes, mis sueños y mi trabajo, sabiendo que en Ti está mi verdadera prosperidad.
En el nombre de Jesús, Amén.
Con cariño, Tania.
Gracias por acompañarme en este tiempo.
Si este tema te bendijo, te animo a leer el blog anterior:
“Mas buscad primero el Reino de Dios y su justicia.”
Allí encontrarás la base espiritual que sostiene toda vida financiera con propósito.




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