¿Por qué cuando quiero hacer lo bueno termino haciendo lo contrario?
- Tania Herrera Y Cairo
- 1 oct
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 2 oct
Cuando por fin decides avanzar hacia lo bueno, pareciera que todo conspira en tu contra y te empuja a hacer todo lo contrario. ¿Te ha pasado?

Decides: “ahora sí, voy a cambiar”, “ya no le voy a gritar a mis hijos”.
Hoy dices: “voy dejar de alcoholizarme”… y ese mismo día terminas comprando la promo 3x2. Jajaja 😅
O piensas: “esta vez sí voy a dejar ese hábito que me hace daño”… y a los pocos días ya ni te acuerdas que hábito ibas a dejar .
La intención es buena, tu corazón lo desea de verdad, pero al final haces justo lo contrario. Y ahí llega la frustración: “¿Por qué, si quiero hacer lo correcto, termino fallando?”
No te sientas solo(a): el mismísimo apóstol Pablo lo confesó con todas sus letras:
Romanos 7:19 "De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero".
Y aquí entre nos… si Pablo lo decía, yo me quedo pensando: ¡qué será de uno! 😅
La dualidad que todos llevamos dentro
Mucha gente dice: “todos tenemos un lado bueno y un lado malo”. Y sí, la Biblia lo confirma, aunque con otros términos: tenemos dos naturalezas.
La naturaleza perfecta (antes de la caída): deseos ordenados, pensamientos claros, emociones equilibradas, fuerza y vitalidad.
La naturaleza caída (después del pecado): deseos desordenados, pensamientos entenebrecidos, emociones distorsionadas, fragilidad física y muerte.
El problema es que a raíz de la caída y como consecuencia todos nacemos ya con esa predisposición al mal.
Salmo 51:5 – “Yo sé que soy pecador de nacimiento"
pecador, desde que me concibió mi madre.
Efesios 2:3 – “... Vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos”
Por eso, aunque tengas la mejor intención, dentro de ti hay algo que te jala hacia lo contrario.
Hay tres fuerzas que te detienen
La Biblia enseña que no solo peleas contigo mismo, sino también con otras fuerzas que constantemente se oponen a tu deseo de hacer lo bueno:
Tu propia naturaleza caída.
Pablo mismo lo dijo:
“Yo sé que en mí, es decir, en mi carne, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo.” (Romanos 7:18).
La influencia de la sociedad.
Vivimos en un sistema que grita: “sigue tu corazón”, “haz lo que quieras”, “si te gusta, está bien”.
1 Juan 2:16 – Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos de la carne, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—, proviene del Padre, sino del mundo."
3 La influencia del enemigo.
El diablo busca justamente empujarte donde eres más débil.
1 Pedro 5:8 – “Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar".
Y si, todo esto conspira en tu contra, así que no es raro que termines cayendo, aunque lo intentes con todas tus fuerzas. Sé que al estar leyendo esta verdad te está quitando muchas culpas y sintiendo mucha paz.
¿Entonces qué hacemos?
Esas tres fuerzas (naturaleza caída, el enemigo y el mundo) están diseñadas para que te sientas derrotado y fracasado en esos intentos y aquí es donde tenemos que hacer un alto. Porque la salida no es rendirse ni pensar: “pues así soy y ya”. Créeme que esa mentalidad de derrota no te va a sacar, ni te va a llevar a donde Dios quiere llevarte.
La clave está en aceptar tu debilidad, reconocer que la fuerza y la voluntad por sí solas no alcanzan y buscar la ayuda del Espíritu Santo.
2 Corintios 10:4 – “Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas”
El Espíritu Santo es el único ser quien hace posible lo imposible. Lo que tu voluntad no puede sostener, Él lo puede levantar.
El Espíritu Santo se recibe como herencia y regalo cuando confiesas a Jesús como tu Señor y Salvador, es el poder de Dios en ti, te equipa, te habla y te guía.
El Dios de las oportunidades
Tal vez hay cosas que has intentado mil veces:
Dejar un vicio.
Ser más disciplinado.
Acercarte a Dios con constancia.
Empezar nuevos hábitos saludables.
Y quizá una y otra vez has fallado.
Hoy quiero recordarte algo: Dios es un Dios de oportunidades.
Lo que no lograste con tus fuerzas, inténtalo con el Espíritu Santo, pídeselo a Dios y él te lo dará.
Ahora sabes que no solo tu alma tropieza, sino que también hay fuerzas alrededor que te quieren detener. Pero también sabes que el Espíritu Santo se fortalece en tu debilidad.
2 Corintios 12:9-10 “Pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Leíste eso? El poder de Dios opera en nuestras debilidades, por eso cada debilidad es una oportunidad. Porque cuando más débil te sientes, más fuerte eres en Él.
Así que hoy te animo a renunciar a toda culpa, a todo castigo, a toda palabra que tú mismo te has dicho, renuncia a toda exigencia y empieza a creer, a confiar y a accionar esta promesa en tu vida.
El Espíritu Santo está listo para ayudarte a vencer esas debilidades.
Con la autoridad que Dios me ha dado, yo te bendigo en este día, y le pido a Dios que te dé el don del Espíritu Santo, en el nombre de Jesús.
¿Te gustaría aceptar a aceptar a Cristo en tu corazón? Házmelo saber en los comentarios.
¿Quieres experimentar más de la gracia de Dios en tu vida? Te invito a leer mi devocional: ‘La gracia de Dios es para todos… para ti, para mí, para ellos’.
Da click aquí.




Comentarios