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Una vida conforme al corazón de Dios: cómo tener una relación real con Él

  • Foto del escritor: Tania Herrera Y Cairo
    Tania Herrera Y Cairo
  • 30 oct
  • 6 Min. de lectura

Descubre cómo tener una relación real con Dios y vivir conforme a Su corazón. Aprende a confiar, obedecer y creer, aun cuando nada tiene sentido.

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A veces pensamos que tener una vida conforme al corazón de Dios significa ser perfectos: no fallar, no dudar, no enojarnos.

 

Yo misma creía que ser cristiano era solo para gente “demasiado buena” o “religiosa”.

Me resultaba más fácil creer en el dios que yo me imaginaba.

 

Pero poco a poco descubrí algo distinto: Dios no busca personas perfectas, Él busca personas dispuestas.


Personas con defectos, con historias complicadas, con errores, pero con un corazón que quiere conocerlo y aprender a confiar en Él, incluso cuando nada tiene sentido.

 

Cuando entendí esto, me di cuenta de que yo también calificaba para tener una relación con Él.


Y tú también calificas.

Sigue leyendo y descubre por qué.

 

Dios llama a los que parecen no calificar.

 

Mira a Moisés.

Era tartamudo y de carácter fuerte. Sin embargo, después de conocer a Dios, la Biblia dice que fue el hombre más manso sobre la tierra.

 

Y fue precisamente él —el tartamudo — quien escribió los mandamientos del Antiguo Testamento.


¿Ves? Dios no se fijó en su condición; Él sabía lo que había depositado en Moisés y lo que era capaz de hacer.

No importaban sus limitaciones, importaba su disposición.

 

David…

El gran rey David.

El adorador, el poeta, el guerrero.

 

Pero también el hombre que mandó matar a su amigo más leal para quedarse con su esposa.

Y aun así, Dios lo llamó: “Un hombre conforme a mi corazón.”

 

Claro que su pecado tuvo consecuencias.

Pero cuando se arrepintió y cambió de dirección, Dios lo restauró y lo usó poderosamente.

Porque lo que toca un corazón rendido, Dios lo transforma.

 

Y ni hablar de Noé.

Construyó un arca cuando ni siquiera llovía.

La Biblia dice que en ese tiempo solo caía un rocío sobre la tierra.

 

¿A qué loco se le ocurre construir un barco si nunca había llovido?

Ya me imagino el bullying que le hacían sus vecinos.

 

Pero Noé decidió creerle a Dios, aunque no entendía todo lo que estaba pasando.

Esa confianza —eso que llamamos fe— salvó a su familia y dio inicio a una nueva generación.

 

¿Ves?

En estos tres ejemplos, Dios no buscaba perfección, buscaba relación.

Buscaba corazones dispuestos: personas imperfectas que decidieron creer, arrepentirse y obedecer.


Una vida conforme al corazón de Dios: cómo tener una relación real con Él-Devocional Fe para la vida real

 

Lo que realmente agrada a Dios


La fe: creer aunque no veas

 

A veces creemos que a Dios le impresiona lo que somos o lo que hacemos:

nuestra profesión, el servicio, las ofrendas, los títulos o lo bien que hablamos de Él frente a los demás.

 

Pero no.

Dios no se deja impresionar por apariencias; Él conoce las verdaderas intenciones de tu corazón.

 

Y lo que verdaderamente le agrada es algo mucho más sencillo —pero también más profundo: Tu fe y tu obediencia.

 

 La fe es creerle a Dios aunque todavía no veas resultados.

“Sin fe es imposible agradar a Dios.” (Hebreos 11:6)

La obediencia: hacer lo correcto aunque no entiendas


 La obediencia es decidir seguir las enseñanzas que Él ya dejó escritas en la Biblia, aunque no las entiendas del todo.

“La obediencia vale más que los sacrificios.” (1 Samuel 15:22)

 

 Y cuando esas dos cosas se unen, el cielo se abre.

 

Entonces, por más loca que parezca la instrucción o lo difícil que sea confiar, elige hacerlo.


Eso es obedecer.

 

Mira el ejemplo de Pedro, cuando Jesús le dijo:

“Vuelve a echar la red”

Después de una noche entera sin pescar nada.

 ¿Te imaginas el cansancio que tenía? Y Pedro respondió:

 

“En tu palabra echaré la red.” (Lucas 5:5)

 

Esa respuesta cambió su historia.

Porque el milagro no vino antes de la obediencia

Vino a través de ella.


Obedecer no siempre es fácil.


A veces implica renunciar a lo que quieres, esperar cuando preferirías correr, o callar cuando quisieras responder.

 

Pero cada vez que eliges hacer lo correcto, aunque te cueste, estás diciendo:

 “Señor, confío más en Tu voluntad que en la mía.”

 

Y eso… eso mueve el corazón de Dios.


La obediencia, aun después del cansancio, prepara el terreno para una cosecha sobrenatural.


Tenemos que entender algo:

“Tu milagro no depende de cuánto entiendes, sino de cuánto obedeces.”

 

Cuando obedeces —es decir, cuando eliges hacer lo correcto aunque no comprendas todo, Dios hace lo imposible posible.

 

 Muchas veces nuestro problema es que esperamos que se manifieste un milagro para darle las gracias a Dios.

 

Déjame decirte algo: Él sí tiene el poder para lograr cualquier cosa, pero a ti te falta la fe para creerlo.

Y peor aún.. sabes que él puede hacer el milagro y se le pides no creyendo que te lo dará.


Como cuando vas y buscas un trabajo queriendo no encontrarlo.

Qué cosa tan más incoherente, ¿no?

 

Andas desesperado buscando respuesta y soluciones donde no las hay.

 

Cuando no es el psicólogo, es una amistad nueva, un deporte nuevo para encajar, meditaciones...

Cuánto dinero, tiempo y lágrimas te hubieras ahorrado.

 

Yo no sé para quién se escribió este devocional, pero si es para ti déjame decirte algo con respeto y amor:

Dios no te necesita para cumplir sus planes.

Tú sí lo necesitas a Él para cumplir los tuyos.

 

Claro que podemos llegar muy lejos sin Dios, podemos hacer grandes cosas, pero fuera del propósito para el cual fuiste enviado aquí a la tierra, todo ese éxito es en vano.


No busques solo el milagro, busca al Dios de los milagros

 

Cuando vamos y buscamos a Dios solo para que nos haga un milagro, pero nuestro corazón está lejos de Él.

¡Híjole, qué peligroso es esto!

 

Queremos el milagro sin tener una relación con Él.

Y a veces queremos que Dios intervenga, pero sin que eso implique compromiso.

 

Queremos que solucione lo que nos duele.

Que abra puertas.

Que nos bendiga.

Pero sin entregarle realmente el corazón.

 

Y aunque Dios es bueno

Él no solo quiere darte un milagro: quiere transformarte.

 

Los milagros son el resultado de tu relación con Dios.

 

Muchas veces vamos en busca del milagro, pero no en búsqueda de Dios.

Queremos que resuelva los asuntos que nos molestan, pero no siempre queremos conocerlo, escucharlo o seguirlo.

 

Y lo cierto es que Dios conoce nuestro corazón.

Podrás engañar a cualquiera,

pero a Dios no puedes burlarlo.

 

Él ve la intención detrás de cada oración, detrás de cada palabra y de cada lágrima.

 

Esto aplica para todos los cristianos de cualquier denominación:, católico, evangélico, ortodoxo o lo que sea …si crees en Jesús, eres cristiano y este mensaje es para ti.


Porque lo importante no es la etiqueta, sino la relación viva que tengas con Él.

 

“Dios, si me he acercado a Ti solo para que resuelvas mis problemas… perdóname. Si te busco solo cuando las cosas se complican… perdóname. Crea en mí un corazón puro y un espíritu recto delante de Ti.” (Salmo 51:10)

 

Créeme: si hay algo que no está bien ahí, en tu corazoncito, Dios puede transformarlo.

Él no rechaza un corazón que se rinde con sinceridad.

 

Camina con fe, camina en obediencia.

Empieza a conocerlo de verdad.

Y la única forma de hacerlo es leyendo Su biografía —la Biblia.

 

Ahí está todo:

Lo que le gusta

Lo que ha hecho

Y los planes que tiene contigo.


Una vida conforme al corazón de Dios: cómo tener una relación real con Él-Devocional Fe para la vida real

Oración final


Señor, gracias porque no buscas perfección, sino corazones dispuestos.

Hoy te entrego el mío, con mis debilidades, mis dudas y mis ganas de conocerte más.

Enséñame a caminar en fe y obediencia, a escucharte antes de decidir, y a rendir lo que no entiendo.

Quiero vivir una vida conforme a Tu corazón,

Señor.Hazme sensible a Tu voz y fuerte para obedecerla, aun cuando me cueste.

En el nombre de Jesús, amén.

 

Gracias por leer este devocional.


Deseo que esta palabra te anime a caminar cada día más cerca de Dios, confiando en que Él transforma todo corazón que se rinde con sinceridad.


Con cariño,

Tania


Si esta lectura te bendijo, te invito a leer también mi devocional anterior

La fe que duele — una reflexión sobre cómo Dios obra incluso en los procesos que más duelen.




 

 

 
 
 

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